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martes, 24 de febrero de 2015

Cuadernos02/2015. LAS FIESTAS MAYORES DE NUESTROS PUEBLOS

LAS FIESTAS MAYORES
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Una espesa y fría sombra invernal bajaba de los Bolages cubriendo el espacio comprendido entre las Ledañas y los Albares. Arreciaba un viento helador en la atardecida de aquel final de otoño, ya casi invierno, sobre el espaciosos y fértil valle del río Rojo. Había bajado a por dos cargas de agua al Alfambra para tener las tinas llenas, según me había mandado mi madre, y ahora, tocaba ir hasta el pajar de la era a por otros tantos sacos de paja. Debía cubrir la femera que teníamos delante de la casa, un cuadrado espeso, al que arrojábamos de continuo todo tipo de materia orgánica y sobre el que hacían la vida las gallinas y los pollos. También disfrutaba de lo lindo el puerco siempre que lo soltábamos para arreglarle la corte. Para el segundo viaje ya empecé a sentir a los mozos tramenar por la torre. Presté atención en el viaje de ida a la era, imaginando el momento mágico en que las campanas comenzaran a sonar. Arriba de la torre estaban los mozos del pueblo: Jeremías, Rogelio, Amador, Andrés, Paquico… incluso mi quinto, Pirulo, aprovechó para espantar a las palomas de sus nidales. No todos sabían bandiar, ni se atrevían a tamaña hazaña. El bandeo era muy arriesgado y podía costarte la vida sólo con un pequeño fallo, por ello terminó por prohibirse. Sonaron por fin las campanas con un desquiciado latido continuo e incesante. Una agitación maravillosa que anunciaba víspera de fiesta. Entre el sonido vibrante y estimulador del badajo sobre la campana volteando, las gentes, pararon sus faenas y esperaron a que se produjera el excepcional suceso de “encanar” la campana. Cuando la campana cogía la mayor velocidad posible al impulso de los pies de los mozos, el badajo giraba entonces en sintonía con el resto de la estructura y, durante unas vueltas, la campana no tocaba y quedaba “muda”. ¡La han ENCANAO…. La han ENCANAO…! decían entonces los niños abriendo la boca sin disimular su admiración. Bajaban luego los mozos del campanario, como héroes venidos de una lejana y sangrienta guerra. Enfilaban el camino de la cantina de Marina para tomar unos vasos de vino con cacahuetes. Nada más terminar el bandeo que anunciaba el comienzo de las fiestas mayores ya estaba extendiendo la paja en el corral. Para entonces, habían quedado todos los animales arreglados y durante las fiestas, sólo habría que echarles de comer.
Luego, esa misma tarde de vísperas, mi madre ya había colocado colgado sobre la lumbre del hogar un caldero de cobre mondonguero. Una vez el agua caliente, vaciaba parte  de ella sobre un balde de cinc galvanizado y, por riguroso orden de edad,  nos metía de uno en uno en el agua caliente. Era día siete de diciembre y, en tales calendas, el agua estaba caliente para el primero en entrar y templada para los últimos. No era corriente la “limpieza general” pero esta ocasión era excepcional, pues sucedía que al día siguiente era la Purisma, patrona del lugar y día de fiesta mayor. Para el verano, la limpieza era más cotidiana debido a los baños que realizábamos en los pozancos del río. Ahora, en invierno, era más pausada y además había que frotar la roña que se iba formando en diversas partes del cuerpo, a la vez que había, también, que jabonar bien las corvas. Armada de un estropajo de esparto y una pastilla de jabón Lagarto no paraba de frotar ni nosotros de llorar. Al final quedábamos relucientes y listos para el día siguiente. Después del baño y de secarnos durante un momento junto al fuego, marchábamos para el dormitorio situado en el piso superior. Ya en la cama, cubierto todo el cuerpo con las mantas y sin dejar asomar al exterior un ápice de nuestro cuerpo intentábamos dormir. Al día siguiente sería fiesta y vendría la turrunera a colocar su carrico en medio de la plaza del pueblo. Seguro que, como años anteriores, traería petardos, turrón, caramelos, peladillas, chicles, globos… y un sinfín e inimaginable número de novedades. Ahora, se trataba de imaginar la forma de conseguir algún dinero para poder comprar algunas de aquellas adorables y singulares tentaciones. Todo debería calcularse con pulcra exactitud. La clave estaba en la misa mayor de la mañana siguiente y en el momento en que los dos monaguillos salíamos a pedir con la bandeja. Por ser día tan señalado, la gente era excepcionalmente generosa y solía soltar haciendo buen ruido sobre la bandeja, no una perra gorda o una perra chica como los demás días, hoy podía dejar caer, hasta una peseta rubia.
Pasamos de lo imaginado a lo real tras un profundo y reparador sueño. Hicimos la genuflexión en mitad del altar y salimos a pedir los dos monaguillos. A mi me tocó la parte de la epístola y la que da al atrio de la iglesia. Un momento crítico era el de pasar por debajo del coro pues, los mozos, situados arriba y junto a la baranda tiraban desde lo alto todo tipo de cosas con el objeto de que la bandeja cayera al suelo y hubiese algarabía y entretenimiento en el discurrir de aquella aburrida misa obligatoria. Pude sujetar la bandeja petitoria con las dos manos y nada sucedió. Se trataba ahora, de coger la peseta de la bandeja en el momento oportuno. Parecía como si todos los ojos del mundo se hubieran posado sobre mí. Una sensación de agobio y de terror hizo que al pasar por el arco de la predicadea la bandeja cayera al suelo. El ruido lo sentí atronador, todavía lo evoco acusador y, las exclamaciones en el templo, detuvieron por un instante la misa. A la vez, la mirada de don Jesús Gregorio, a pesar de ser entonces, aún joven y bondadosa, me llenó de terror. Con la ayuda de los feligreses recogimos las limosnas y todo quedó en nada. Sin embargo yo llevaba bien las cuentas de todo cuanto caía en la bandeja. Al hacer el arqueo comprendí que dos pesetas se habían perdido con la caída. Nada más terminar la misa, busque y rebusque en la zona del estropicio y allí estaban. Dos rubias y pulidas pesetas que guardé en mi bolsillo y que ganó la turrunera en aquellas fiestas.
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sábado, 21 de febrero de 2015

Cuadernos2015/Miscelánea. EL CHA CHA CHÁ DEL MONEDERO SE BAILÓ EN LAS BODAS DE ISABEL DE SEGURA

Nos llegan noticias confusas sobre la estancia de Monedero, de incógnito, en Teruel.
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EL CHA CHA CHÁ DE JUAN CARLOS MONEDERO
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El Monedero bailando va
y de Venezuela lo trajo aquí.
Entre frijoles papa y ají
el nuevo ritmo del cha cha chá
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Y que requetebien suenan las moneditas, mi helmano.
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Monedero, qué sucede,
por qué tan tristón estás…
yo creo que es consecuencia
de lo pasado que vassss.
Siempre en su casa presente está
el nuevo ritmo ¡ayatolá!
Vete hasta Irán y ya verás
con el morito, que bien te va.
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Y que requetebien suenan, mi helmano, las moneditas.
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Coge el monedero, paga lo que debes.
Coge el monedero, paga lo que debes.
Coge el monedero, paga lo que debes.
Coge el monedero, paga lo que debes.
El Monedero y el cha cha chá.
Coge el monedero, paga lo que debes.
Coge el monedero, paga lo que debes.
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jueves, 19 de febrero de 2015

Cuadernos02/2015. EL SUEÑO DE UN CARTERO JUBILADO

LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO
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Apenas levantaba los pies del suelo. Su caminar almohadillado se semejaba más al de una babosa que al de un humano. Con suma lentitud bajaba por la calle de la Cuesta torcía a la derecha y, luego, girando por debajo el arco de la villa llegaba al río. De vez en cuando paraba para encender el cigarrillo o para meditar en voz alta. Las calles solitarias hacían preciso eco de sus palabras. Al cruzártelo, en plena calle, emitía un sonido ininteligible suave y rutinario. Parecía decir, te veo y te siento… se quien eres. No eran precisas más explicaciones, pues, todo se sobreentendía y cada uno iba  a sus tareas diarias con desapasionada cotidianeidad. La vida así, cómoda y pausada, fija y predeterminada, era como los raíles de un tren, te permitían despojarte de preocupaciones y entregarte a sueños fantásticos, mágicos y apasionados. Tenía el huerto ubicado junto al río-arroyo Frasno, detrás de los pozos de toma de agua corriente para las casas. Había logrado hacer de este espacio singular un micromundo. Las zarzas y la maleza, junto a un nutrido conjunto de objetos diversos que iban desde cabeceros de cama hasta somieres, le permitieron perimetrar este espacio personal e intimo. Ahora, en invierno, la tierra descansaba y solamente cardos, coles, berzas y escarolas ocupaban un mínimo espacio del área cultivable. Es verdad que a medida que sus fuerzas iban disminuyendo, año a año, de forma intuitiva, iba reduciendo el espacio cultivado. De momento pasaba algunas tardes al carasol y meditando sobre la próxima ubicación de cada tabla de cultivo. Para Santa Cruz (3 de mayo) sería el momento de bajar a comprar plantero. Empezaría a plantar el cebollino y las ensaladas en aquella esquina más fresca y así evitaría que éstas espigaran pronto. Las patatas se podían sembrara nada más pasar San José y, con las tomateras, no cabía correr pues éstas son muy sensibles a las heladas. Aunque los inviernos ahora eran muy benignos, solía venir alguna helada tardía que obligaba a replantar y con ello a retrasar la cosecha. Si se llegaba a mediados de septiembre sin que los tomates hubieran madurado, se hacía difícil luego conseguirlo. Uno de estos días, cuando el tempero estuviese óptimo, labraría el pedazo de tierra y lo dejaría oxigenarse hasta la primavera. Aunque suele decirse que los huertos tienen “miedo”, pues hay siempre alguna tarea pendiente, ahora en invierno, éstas se reducían a limpieza de brazales y a la ordenación de aquel caótico perímetro que acogía todas sus expectativas y acunaba todos sus sueños. Como un funambulista, seguro sobre el cable por el que se desliza, él caminaba por su tabla hortícola dejando vagar su imaginación y sus sueños hasta los años de su más tierna infancia.
Recostado sobre los costales de cañas apiladas, que luego utilizaría para que subieran las judías verdes, encendió un cigarrillo y absorbió el humo con inusitado deleite. Sujetaba el cigarro con la comisura de los labios, tumbado al carasol del medio día. Dulcemente abrazado por el calorcillo que empapaba todo su cuerpo se quedó sondormido mientras la imaginación volaba hacia los días de su infancia. La primera vez que abandonó la villa fue para ir a estudiar al seminario de Alcorisa. Allí hizo sus mejores amigos, aquellos que recordaría toda la vida y que a menudo nombraba. De sus charlas con Gonzalo Borrás nació su gusto por el arte y la literatura. También, de Alcorisa, es su inusitado afán por la historia y por escudriñar entre legajos la vida de las gentes, la genealogía le ha apasionado siempre. Después de pasar una temporada en Barcelona y tras una penosa enfermedad entró a trabajar de cartero en el lugar. Un trabajo que, si para otros era rutinario y aburrido, para él era apasionante. Cada carta era un sueño encendido que volaba sobre los paisajes del somontano ibérico, que atravesaba la alta sierra de Algairén llevando y trayendo misteriosos mensajes inescrutables y que él,  como un nuevo Hermes, traía y llevaba  a las vidas de las gentes sencillas. Sabia ser mensajero de nuevas esperanzas de esta forma tan simple y misteriosa.
Dio otra calada en el cigarrillo y se vio entre vides, entre pámpanos verdes y vigorosos, entre racimos dorados de uva negra. Se cerraron sus párpados para recordar el día aciago en que la sierra ardió y su impotencia por no poder ayudar a apagar ese fuego que le quemaba las entrañas. Soñó con que la villa crecía y sus casas se habitaban, pero, para cuando dejó la cartería la pérdida poblacional ya era importante y sus consecuencias irremediables. A veces gustaba, en sueños, volar sobre el término municipal y señalar determinadas viñas, sus variedades de cultivo y el nombre de su propietario. Seguir con la vista la línea férrea y ocultarse en los túneles. Volar hasta los 1.000 metros de la Atalaya para volver sobre sus alas hasta el puerto de Encinacorba. Desde lo alto de la sierra se divisaba la población como una mancha extraña en el paisaje. El atractivo imán de esa aguja de la torre de la iglesia, cuya colocación defendió su amigo Borras y que tan poco gustó de momento, señalaba el epicentro de un mundo nacido allá, en la más remota Edad Media. También había recogido un miliario romano y sabía de alabastros y lacas chinas. No sabemos si su fe es firme o desapasionada pero, entre sus amores terrenales, sólo encontramos a la Virgen del Mar. Vagó su alma por calles y callejones, repasó los buzones desde los que se emiten y reciben los sueños. Y así, por el valle del Frasno, por yermos y barranqueras quedó perdida su alma y su cuerpo profundamente dormido. El cigarrillo iba consumiéndose y progresivamente alcanzando la comisura de sus labios. De repente sintió un golpe seco en los pies y una quemazón en los labios. Una voz blanda profunda y senil le llamó: ¡Lázaro, Lázaro, levántate! Se despertó y se levantó girando como una peonza. Abrió los ojos y no vio nada. Una espesa nube de humo blanco le envolvía matando, de repente, la claridad de sus más nítidos sueños. Asustado por la obnubilación se atrevió a musitar, preso del más terrible de los temores y recordando sus enseñanzas del seminario de Alcorisa: ¡Señor, aquí me tienes, soy Enrique, tu siervo de Encinacorba! ¡Hágase en mí según tu palabra!
¡Chico, despierta! Le dijo el Blanquillo que acababa de entrar en el huerto alarmado por el fuego que quemaba el brazal y que se estaba aproximando peligrosamente al cuerpo de Lázaro. Al ver al hortelano completamente desorientado, lo cogió del brazo y lo sacó de la nube de humo que lo envolvía y que, sin duda, lo habría asfixiado. Recuperado del trance, Enrique comenzó a sentirse de nuevo vivo y feliz de no haber abandonado este mundo.
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miércoles, 18 de febrero de 2015

Cuadernoso2/2015. UN PANFLETO DE Ciudadanos...

Ciudadanos
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¿Buscamos la solución donde está el problema? La operación ROCA ya fue hace años un fracaso. Ahora nos reparten un folleto con una cara bonita y un escueto texto lleno de palabras huecas. Ningún compromiso… generalidades y, a menudo errores de bulto o tergiversación intencionada de la realidad.
Cuando Ciudadanos habla de la banca yerra el tiro con toda intención. En España no ha habido crisis de la banca, sino de las Cajas de Ahorro. Las Cajas de Ahorro son entidades de crédito SIN DUEÑO, es decir que los propietarios son todos los impositores. Las han gestionado los políticos y los sindicalistas en gran medida. Tal cosa se ve cuando llaman a declarar por los desfalcos ocasionados. El rescate era necesario pues, el ciudadano medio se podría ver sin su dinero. El papá Estado tiene la obligación de recuperar el dinero prestado para su salvación. Así que, los políticos tienen que hacerse responsables de su gestión y pagar por ello, no sólo cárcel, sino que deberían devolver el dinero estafado, despilfarrado y extraviado. Qué dice Albert Rivera en este panfleto. Sencillamente, que los culpables son la banca y, que ellos, quedan libres de polvo y paja. ¡MENUDO PAJARITO!

Con una cara bonita y cuatro frases huecas, puedes encandilar a una parte importante de la población, eso sí: UNA POBLACIÓN UNIVERSITARIA. ¡Penoso!
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martes, 17 de febrero de 2015

Cuadernos02/2015 CARIÑENA DEDICA UNA CALLE AL BOTÁNICO MARIANO LAGASCA Y SEGURA

LAGASCA, PRÍNCIPE DE LOS BOTÁNICOS
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La ciudad de Cariñena le ha dedicado una calle al botánico Lagasca. Tal como muestran las fotografías de este reportaje, las placas, acaban de ser colocadas en una calle de Cariñena, que corresponde, a una de las áreas de expansión urbanística. La plaza es de cerámica azul de Muel, bien elaborada y con un tamaño suficiente para ser leída con toda comodidad. Este sencillo gesto tiene como objeto el mantener viva la presencia de este enorme botánico encinacorbero. Desde el catastro, pasando por el registro de la propiedad, la notaría y todas las empresas que emiten y reciben cualquier tipo comunicación deberán en un momento u en otro citar su nombre y, al hacerlo, recordar su figura. Convendría también que la gente que lo escucha tuviera el gusto de acercarse a conocer, su vida y su obra. Una trayectoria verdaderamente edificante y ejemplar en todos los sentidos.
En primer lugar, el agradecimiento por tan sencillo y feliz suceso, debería hacerlo la villa de Encinacorba, pero, por si acaso no lo ha hecho o no lo hace, corro presuroso a cumplimentarlo yo personalmente, puesto que yo lo solicité a título personal. Efectivamente, respondió a la solicitud don Sergio Ortiz Gutiérrez, alcalde de Cariñena, bajo cuya batuta se ve y se palpa el progreso de esta ciudad vitivinícola. Tuvo también, don Sergio, la amabilidad de llamarnos para charlar sobre el tema y repasar siquiera someramente la vida del ilustre botánico natural de la villa de Encinacorba. También, tengo constancia de la opinión favorable y el aliento que le dieron algunos concejales/as de Encinacorba sobre el tema.
No es este el momento de hablar de la vida y la obra de Lagasca pero, estamos seguros, que su nombre volverá a tener vigencia en una era en que el estudio de la naturaleza está tan en boga. 
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Una aproximación a la vida de LAGASCA.
Discurso de MT TELLERÍA.
Pinchad aquí:
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sábado, 14 de febrero de 2015

Cuadernos02/2015. HA FALLECIDO, CELIA CASANOVA MARTÍN (VIUDA DE JULIÁN AURÉ RUIZ)

Ha fallecido  hoy, día 14 de febrero de 2015, a las 11 horas de la mañana.
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Velatorio en el tanatorio de Cariñena,
sito en la Plaza de la Iglesia nº 2.
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Funeral, domingo día 15 de febrero, en la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Mar de Encinacorba.
Misa Mayor de fueneral, a las 12:30 horas.
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miércoles, 11 de febrero de 2015

Cuadernos02/2015. 12 DE FEBRERO, JUEVES LARDERO (COMIENZA LA SEMANA DEL CARNAVAL)

COMIENZA EL CARNAVAL
(12 de febrero del 2015)
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Las carnestolendas o carnaval es una fiesta pagana que precede a la cuaresma y que dura una semana. Le sigue la cuaresma que comprende cuarenta días de preparación física (ayuno y abstinencia) y espiritual (oración y penitencia) para llegar a la semana de la pasión, muerte y resurección de Jesucristo (Semana Santa). Los mayores recordarán los carnavales de los pueblos, hoy casi todos perdidos, sobre todo, por falta de población. Con todo cabe citar en el Jiloca, a Luco de Jiloca y a Villafranca del Campo. Al jueves lardero se le denomina con varios sobrenombres: el día del panete, el del choricé, el de las pellas, y también, el de la longaniza (palmo de).
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Jueves lardero,
longaniza en el puchero.
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 Jueves lardero,
pellas al puchero.
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En el Bajo Aragón

Fiesta del choricé o choricer.
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Carnaval
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DON CARNAL
Sáquenme de la despensa,
del cerdo, una buena presa
y del secreto, me traigan,
con abundancia a la mesa.
Luego vayamos con tiento
para que no haya sorpresa:
 de lomos y de jamones
provean buena remesa.
Haya magro y carrillada,
solomillo y carne gruesa
que alivia todos los males
cuando los labios la besa.
Manitas, rabo de cerdo
y, si la hambruna no cesa,
meteremos a la lumbre
costillas y carne obesa...
¡Qué viva carnestolendas!
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Zarragón de Luco de Jiloca
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Cuadernos02/Miscelánea. EL ORIGEN LEGENDARIO DE TORTAJADA

 TURRE TALLATA
(Tortajada)
Ahora están enrunadas por efecto de la acción humana. Primero fue una barranquera que se fue abriendo a base de siglos de escasas lluvias, pero torrenciales, arañando y desgastando ávidamente un suelo blando y calizo. Las aguas se vertían rápidamente al río cuando, ocasionalmente, en los veranos rompía el cielo a llover a mares y los campos a inundarse, a engaronarse. Por ir mezclada, el agua con la tierra blanca, el río se hizo cangrejero. Pero cuando la riada bajaba desde arriba, desde lo más alto del valle, el torrente se volvía rojo, quizás amarillo o, tal vez, anaranjado. Las turbulencias y remolinos causaban espanto y era como si el mundo fuera a desaparecer absorbido por la inmensa caracola devoradora de toda materia viva o inerte. Y así, una vez abierto el barranco en uve aparecieron los primeros pobladores, detrás siempre de sus ganados, de sus perros pastores y debajo de las aves carroñeras. No eran constructores,  no eran alarifes, su oficio era el pastoreo extensivo y caminaban a menudo hasta más allá del confín del mediodía. De noche volvían a la orilla del río metiendo sus ganados en los rediles. Las mujeres por mera intuición arañaron las paredes blanquecinas de los costados de la barranquera, primero con palos, luego con puntas de metal y más tarde con herramientas traídas del poniente. Los habitáculos apenas daban cabida para las personas, pero protegían bien de la lluvia, del viento y de un clima extremo. Profundizaron en la acción y penetraron en la montaña. Las galerías, a tramos se ensanchaban formando amplios habitáculos. Las bocas de entrada se cubrieron con tejidos de espartera, para preservar la temperatura y la entrada de alimañas. Un día de lluvia, de forma intuitiva, metieron el ganado en su interior para protegerlo del dios Zeus, quien con sus truenos y rayos, colmaba de temor a los humanos. Desde aquel día hombres y animales ocuparon las cuevas en la noche, protegiéndose así, del frío y de las alimañas que siempre acechaban en torno al ganado. De día las crías quedaban en la cueva y las madres estaban obligadas a volver de noche al mismo sitio. Nació así la Alera Foral y una forma de cohabitación que guardaba el calor del día durante la noche y el de la noche durante los pretos días del invierno. Al abrigo de las alimañas, el ganado creció y también la población que tenía en las ovejas, leche y carne abundante.
Cuando los días eran plácidos y las nubes cosían y descosían el cielo dejando ver de vez en cuando la amable mano de los dioses, los hombres liberados del pastoreo, pescaban en los ríos y cultivaban, apenas, pequeñas porciones de tierra. El viento azul peinaba los montes blancos cubiertos de sabinas y de arnachos. Los árboles inclinaban levemente su torso gimiendo melodías antiguas. Las veredas se cubrían de hierba verde y fresca. En los ribazos, diminutas florecillas eran atravesadas lentamente y levemente por la cinta plateada de los moluscos. Y, más allá del valle, habitaba el reino de las plantas aromáticas, el reino de los bosques de pino, de encina y también, las dehesas para el pastoreo. Otros hombres, desconocidos, atravesaban formando caravanas el lugar siguiendo la flecha del río. A menudo paraban y comerciaban tomando de los de aquí sus pieles, su lana y su queso a cambio de objetos traídos de lejanos lugares, pero que les eran útiles o de entretenido y grato divertimento a los nativos. Abalorios, espejos, peines y caleidoscopios, entre una multitud de baratijas, eran muy codiciados y objeto de intercambio apresurado.
Pasaron las edades de los hombres como sábanas monótonas en las que abrieron calendarios y anecdotarios. Señalaron en ellos las entradas de las estaciones del ciclo anual y, de esta forma, pudieron prevenir al barrunto las épocas de fríos y de calores. Aprendieron a entibar el río y a desviar sus dulces aguas por zaicas y caballones. Inundaron pequeños campos para hacerlos fértiles y de ellos sacaron el trigo dorado para la hogaza de pan del pastor. Aprendieron a construir casas sobre las cuevas y a secar las carnes mediante la salazón. Pasaban el invierno con perniles salados, conservas, trigo y vino.  Mantenían la llama sagrada del dios Bel durante esta época de noches frías y largas. Como los dioses les fueron benignos les concedieron numerosa descendencia formando nube de población que laborando sin descanso levantaron notables edificios de piedra y templos para sus dioses.
Quisieron los hombres, cuando el verdor del valle ya era total y su naturaleza más parecida a  la de un oasis, construir a sus expensas y para mayor seguridad de sus habitantes, una torre. Sobre una loma entre dos barrancos, tras sacrificar un cordero al dios Lug, señalaron una noche de plenilunio el lugar exacto. Los druidas quemaron espliego mezclado con tomillo y romero, luego hicieron una gran hoguera con arnachos y danzaron entorno a ella golpeando la tierra con sus pies. Si la madre naturaleza, tras despertar de la noche fría e invernal, les era benigna, la tierra volvía a darles sus frutos y los rebaños sus crías, construirían una torre tal alta que sería la admiración de todas las tribus del valle.
Corrió la voz, desde las míseras cabañeras de Gúdar, hasta las plácidas aldeas del bajo valle de un rió llamado el Blanco, que torrencial, llegaba de los Universales Montes. Se buscaron alarifes capaces de levantar tan singular obra y, los hombres y las mujeres de la ladea, trabajaban llevando piedra y cal en abundancia. Cada día sacrificaban un animal para ofrendar a los dioses y para alimento de los mortales. El paisaje del último tramo del río Rojo se vestía con la esbelta y majestuosa presencia de una torre que iba tomando esplendor y altura por momentos. Con la llegada de la primavera el valle hermoseó como nunca lo había hecho hasta entonces y los hombres culminaban su obra colocando en su perímetro superior  una faja de almenas que la adornaba y embellecía. Retirados los andamios de madera de sabina, tras el remate de la obra, los naturales del lugar se dejaron llevar por un legítimo orgullo. Organizaron una fiesta sagrada en la que el vino y los placeres carnales se hicieron dueños de sus voluntades.
Los dioses vieron con desagrado esta soberbia obra humana y Dagda, dueña de la caldera de la inmortalidad, fue la primera en pedir un castigo ejemplar para aquellos que habían cometido el pecado de altanería. La protección y cuidado de los hombres era una tarea privilegiada de los dioses que a su vez estaban encargados del guardar el orden natural de las cosas. Tras un invierno de hielos nocturnos y nieblas matinales, la primavera descorrió las cortinas del cielo para que los dioses vieran esta obra humana en toda su potencia. Esa torre que representaba  una afrenta explícita a su poder omnímodo. Aquel verano las tormentas fueron pavorosas y el río se desbordó en varias ocasiones aniquilando las cosechas de la huerta, arrastrando los ganados hacia el mar y abriendo en su cauce pozancones por los que se subsumía todo los que arrastraba la corriente. Por fin, tras una plácida mañana de verano, se desató la gran tormenta y un rayo certero, como lanzado por Zeus expresamente, se estrelló contra la torre partiéndola en dos. La parte superior de la construcción cayó sobre la ladera caliza de su entorno. Tan magna obra humana quedó desde entonces partida, tallada o cortada a la vista de todos los habitantes del valle que por allí pasaban. Era una señal clara de advertencia a la osadía de los hombres.
Pasaron los siglos, se sucedieron las generaciones, cambiaron los modos y las maneras de gobernarse de sus habitantes, pero dos cosas han permanecido inalterables en la orilla izquierda del río Rojo. Una es la torre partida, arruinada y abandonada desde entonces hasta nuestros días. La otra, son las cuevas troglodíticas que sirvieron de cobijo a los primeros hombres y animales del valle y, de hospital de campaña, en la Batalla de Teruel (1937-1938). Las cuevas ahora están enrunadas por obra de mano humana sin que los dioses, por el momento, se hayan pronunciado al respecto.
Ahora, son las tardes en el valle verdes como la esperanza y, en los montes, se matiza el dulzor azul celeste con los tonos de la floresta gris. Todo discurre en el orden que los dioses quisieron siempre que fuera hasta que, al ocaso y tras su último estertor rojizo, siembran la sombra de la noche negra sobre choperas, eras y pajares.

Recoge de atardecida, el pastor, su atajo de ganado llevando en un costado el morral. En una mano la gayata y en la otra mano, prendido, el último cordero parido por la oveja panicera. La madre los sigue a escasa distancia lamiendo al hijo recién parido y dándole su impronta. Como al principio de los tiempos humanos, la estampa no ha cambiado en absoluto. Sólo que los dioses ya no existen y los hombres no recuerdan el origen de la torre tallada.
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martes, 10 de febrero de 2015

Cuadernos02/2015. JOTAS DEDICADAS AL REINO DE ARAGÓN DESDE EL RINCÓN DE ADEMUZ (REVISTA "ABABOL")

Patrona de la Guardia Civil.
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La Virgen del Pilar lleva
en la corona un león
con un letrero que dice:
¡Viva el Reino de Aragón!
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A la cuesta abajo va
un ratón haciendo el cojo;
que ha venido de segar
con una raspa en el ojo.
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La Virgen del Pilar dice
que no quiere la corona;
que se la den a los pobres
que van pidiendo limosna.
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Segadora, segadora
que aborrecida te ves;
todo el día en el rastrojo
y agua... sin poder beber.
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La Virgen del Pilar dice
que no quiere ser francesa;
que quiere ser capitana
de la tropa aragonesa.
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No llevaría Agustina,
cuando disparó el cañón,
ni los morritos pintados
ni el pelito a lo garzón.
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¡Adiós San José bendito!
¡Adiós Niño de la Bola!
¡Adiós Virgen del Pilar!
Ya te vas quedando sola.
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Ademuz
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lunes, 9 de febrero de 2015

Cuadernos02/2015. LA IGUALDAD ENTRE SEXOS

ROMPER BARRERAS
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Empezaremos relatando nuestra experiencia personal, aplicándonos el cuento. Español, clase media y jubilado. Un día te anuncian que vas a ser abuelo. Pocas cosas hay en la vida que sean tan gratificantes como alcanzar la categoría de yayo. Vas poco a poco. Se hacen las primeras ecografías. Preguntas si todo  va normal. ¡Que sí!, no seas pesado (te dice la hija). Luego te anuncian que será niña, casi con toda probabilidad. Dice la doctora que sí, pero que esperemos un poco más para saberlo con total seguridad. Todos son parabienes. Alguien señala… hoy día, da igual que sea niño que sea niña. La sociedad ha avanzado mucho y hay un muy alto grado de igualdad entre hombres y mujeres. Uno se intenta convencer de que eso es verdad. Y a poco que la vida te aguante un poco más en este mundo, haces propósito de poner todos los medios a tu alcance, para que esa igualdad sea efectiva y que la nietecica (mi nietecica) no sufra discriminación de ningún sentido. Pero claro, de vez en cuando te llegan noticias desalentadoras como esa de que 53 mujeres murieron en el año 2014 víctimas de la violencia de género. También duele la discriminación salarial entre hombres y mujeres. Luego hay actitudes, gestos, conductas, descaradamente machistas, también, entre los adolescentes. No están tan claras las cosas como cuando hemos pretendido autoconvencernos. Pero, si  a esta conclusión hemos llegado porque el asunto nos afectaba directamente... si la toma de conciencia es por puro interés personal, no hemos avanzado mucho y bien pudiera ser que nosotros mismos hubiéramos tenido conductas machistas en el pasado. La erradicación del machismo y la igualdad de género debe ser un tema asumido por toda la sociedad. El espejo que nos muestra de donde venimos, está es este dedo manchado de tinta. En esas mujeres que viven todavía en la Edad Media cubiertas de oprobio y vergüenza. En el burca que cubre de ignominia, en el velo de clausura o en las esclavas de Cristo. Preciso será dar grandes pasos y tomar serias decisiones. La publicidad de la televisión me dice a mí, que el partido en el poder, por fin, se ha tomado este asunto en serio. Vayamos, en la Sociedad Civil al menos, a la igualdad entre sexos con paso firme y sin dilación. La Iglesia católica ha hecho avances en relación a la religión musulmana, pero, todavía le queda un buen trecho por caminar.
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Cuadernos02/2015 ENCINACORBA EN IMÁGENES DE FEBRERO

San Blas de Encinacorba
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Poda camino de la Estación
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Llegando el tren.
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Roscas de San Blas
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Camino helado a la ermita.
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La Báscula
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Los Arcos
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Cardo nevado
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Antena al ocaso
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Cepas en espaldera.
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Tejados nevados.
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Cuadernos02/2015. III JORNADAS DE LA TRUFRA NEGRA DE TERUEL

 
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sábado, 7 de febrero de 2015

Cuadernos02/2015. LAS CENAS DE LAS ÁGUEDAS Y SAN VALENTÍN

CLAVADAS EN LA PUERTA DEL CASINO LAS DOS CENAS DE FEBRERO
En febrero del año 2015 y en la puerta del Casino de Encinacorba, algunas mujeres de la villa clavaron la convocatoria para la comida de “Las Águedas”. Como ese día mandan las mujeres, tienen todo el derecho para hacer lo que les venga en gana. Se advierte a las que presuman de feministas que, también ELLAS, tienen derecho a equivocarse como lo hacemos los hombres y resto de mortales.
 El día (7) siete se ha celebrado la comida de Las Águedas, precio 20 euros. Restaurante LOS FOGONES. Menú: 1º.- Entremeses. 2º.- Cordero o bacalao.
El Casino del pueblo, al que todos dicen querer defender y salvar contraataca con la CENA DE SAN VALENTÍN..
Cena de SAN VALENTÍN, precio 20 euros. Restaurante Casino de Encinacorba. Menú: 1º.- Entremeses. 2º.- Merluza o ternasco asado.
Atentos a la gran solidaridad de algunos/AS vecinos/AS con la villa.
Me decía el alcalde en el Casino que sería bueno que la oficina de Ibercaja pusiera un cajero automático en el pueblo.  No es preciso le respondí, a la gente de Encinacorba le gusta comprar fuera, contratar fuera, los cajeros de fuera... les gusta todo lo de fuera muchísimo más que lo del pueblo. No me extrañaría que si seguimos “puteando” a los casineros se vayan ESTOS, también, con viento fresco.

Si lo de fuera tiene el mismo precio, pero peor calidad… no lo dude, contrate lo de fuera.
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Cuadernos02/2015. FEBRERO NEVADO EN LA VILLA DE ENCINACORBA

L´IBIERNO NO YE FORA
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Febrero es un mes crudo. El frío arrecia y el refranero trata de amortiguar el duro golpe de estos días que cubren lo más profundo (lo más preto)  del  invierno.  Si  ta  la  Candelera  plora,  l´ibierno fora.       El día 2 (dos) de febrero apenas cayeron unas minúsculas gotas, por lo que, no supimos, si el invierno estaba dentro o fuera. El siguiente día, nos vino en el refranero con la celebración del santo Blas. Ta San Blas, ora y más. Es verdad, crece el día, pero en realidad lo que crecieron en todo el sur de Aragón fueron los hielos. Llegó el 4 de febrero con un dedo de nieve, con más hielo y sin un santo destacado que traer a la mente. Sin embargo, el día cinco (5) es Santa Águeda o Gadea, un día también muy tetudo y refranado pero en el que tampoco nos llegó la nieve..., hasta la bragueta. No conviene exagerar, porque luego la realidad te desmiente. Febrerico el corto o febrero el loco, como quiera que sea, nos recuerda y nos señala que hay algo más de frío en nuestros pueblos, hay frío en sus almas. Hoy, día 7 (siete), nos enteramos de la muerte de Cesáreo. Cuando llaman a casa, desde el pueblo, suele ser para ir a un funeral. Un cuentagotas inefable. Sin duda llegará el verano y se abrirá la escuela. Cerrada en invierno pero, con más de 20 alumnos en verano. Un pueblo es como una pequeña urbanización de una playa del mediterráneo, pero con las tuberías heladas en invierno. Apenas… un paisaje para ver de un vistazo. Algo, en lo que no merece la pena perder el tiempo.
 Hay un invierno endémico en nuestros pueblos que no podemos echar fuera.
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viernes, 6 de febrero de 2015

Cuadernos02/2015 LO QUE SUCEDIÓ EL DÍA DE SAN BLAS DEL AÑO 2015

SAN BLAS
Antonio “el Aguas” permanecía sentado junto a la puerta que sube al órgano y a la torre. Fija su mirada en sus manos entrelazadas, de cuando en vez, miraba su reloj y a espacios fijos y determinados acudía a la maquinaria del reloj eléctrico para dar el siguiente toque. La tarde era gris, mortecina, espesa… y una nube negra volteaba sobre la sierra de Algairén dejando copos menudos y deshilachados. Las mujeres subían con sosiego hasta el templo. Es éste, un edificio monumental de estilo gótico tardío, construido sobre una buena parte del castillo Sanjuanista ahora en ruinas. Los feligreses, sentados ya sobre los bancos, observaban el trajín del cura y del sacristán. El cura era polaco, moreno, de tez sonrosada y se llamaba Lukas. Tenía poco contacto con las gentes del pueblo debido en parte a su integrismo religioso, a su carácter y al dominio, no muy fluido, del castellano que hablaba. Estaba mejor relacionado con el sacristán y el resto de un grupo muy disminuido y, ahora desperdigado, llegado hace años a la localidad y pertenecientes a la secta Aula Dei. El ir y venir del cura y el sacristán constituía ahora la distracción de los feligreses que esperaban expectantes esta misa vespertina, en honor a San Blas, en número no superior a los veinte individuos.
Para ir de la sacristía al presbiterio el cura pasaba continuamente por la capilla de la Virgen del Rosario. Esta capilla ocupa la estructura de un viejo torreón del castillo. Arriba, un óculo da luz al templo y, bajo éste, un retablo plateresco atribuido a Yoli es el orgullo legítimo de la población. A cada dado del retablo dos bustos barrocos: a la izquierda SAN BLAS a la derecha Santa Bárbara. El templo, antes de empezar la celebración, invitaba con su opaca sensación de semipenumbra a la meditación y convidaba a acercarse hasta la capilla de la Virgen del Mar a encender una vela a una virgen gótica que reina sobre el corazón de todos los habitantes de la villa, independientemente, de cual sea la profesión de fe de cada uno de ellos. La iglesia posee un órgano traído desde Daroca en carro y un coro bajo. Como el templo era de una sola nave se abrían en el lado del Evangelio tres capillas que, por su orden, cobijaban a la Virgen del Mar, a San Antonio y a San Esteban.
Así andaban las cosas, “el Aguas” ya estaba por dar el segundo toque de campanas, cuando Lukas llamó de improviso al sacristán, tras depositar el busto del santo en una mesa adecentada en el presbiterio, lado de la Epístola, y le espetó: ¿y el rosco de San Blas…? ¿Dónde está el rosco de San Blas? El sacristán no supo que decir. Hacía años que no se ataba el dedo pulgar del santo a  la cinta que iba a parar a una torta hecha de forma circular con un agujero en el centro. En la villa no había horno y la tienda ya estaba cerrada. Será necesario proveernos de lo necesario dijo el mosén con actitud germánica. Para la bendición, tras la celebración de la Santa Misa, quiero que el santo tenga en sus manos la rosca de San Blas tal y como pide la tradición de esta villa.
Salió el sacristán en alocada carrera hasta el Planillo por donde, ¡oh maldita casualidad!, no pasaba nadie en ese momento. Dio voces y nadie acudió en su auxilio. Será posible que no encuentre un vehículo que me lleve hasta Cariñena en un instante. Sólo un peatón, un hombre menudo, acudió a sus llamadas  entre asustado y sorprendido. Era Caius Apicius un italiano de la Toscana que vivía en la calle Mayor. Apicius, le dijo el sacristán con palabras entrecortadas y angustiosas. ¡Por lo que más quieras! baja a Cariñena y en media hora suben una rosca para el santo. Cómprala en la pastelería que hay junto al Iliturgis. Vistos los gestos y la desesperación del sacristán, Apicius asintió y bajó corriendo por la calle de la Cuesta hasta su casa.
“El Aguas” estaba dando el tercer toque cuando Apicius montó en la bicicleta llevando en el portaequipajes una canasta para la fruta que destacaba, sobremanera, por su color amarillo. Pasó por el Casino como una exhalación dejando estupefacto a Manolo que había bajado a fumarse un cigarro a la puerta. Llegó al peirón cuando el cura revestido de rojo se aproximaba al altar mayor a iniciar la misa. El sacristán miró de reojo al santo que, hierático, permanecía ajeno al sofoco del uno y a la desesperada carrera del otro. Introibo ad altare Dei, dijo el cura. Ad Deum qui laetificat juventutem meam, respondió el sacristán que ahora hacía funciones de monaguillo. Si es la misa en latín, pensó, seguro que es mucho más larga y Apicius tendrá tiempo de llegar a la bendición del Santo. Apicius andaba por la ermita del Humilladero y pedaleaba con el aire a favor, un cierzo recio y frío que ahora le favorecía pero que a la vuelta, pensó, será criminal su oposición. Llevaba en el bolsillo diez euros, que  alcanzarían sobradamente  para el encargo y si acaso para tomar algún reconstituyente que le diera fuerzas para la vuelta. Pero al llegar a la Cruz, tras pasar el puente del la “Trinchera la Pala” la rueda delantera estalló y la llanta, rozando contra el alquitrán de la carretera, le hizo detenerse de golpe. ¡Ahora sí que la hemos jodido!, exclamó, pues nadie podía escucharle aquella tarde de perros en la que nadie circulaba por los siete kilómetros de carretera que separan Encinacorba de Cariñena. Desesperado a punto estuvo de volver sobre sus pasos cuando vio la furgoneta azul del Dioni que todas las tardes baja a Cariñena tras comer con su madre en el pueblo. El Dioni suele contratar los servicios de Apicius cuando las tareas agrícolas lo precisan. Paró la furgoneta y le contó las circunstancias de encontrase tirado en la carretera aquella tarde aciaga. Montaron la bicicleta y Apicius en la furgoneta y enfilaron la Cuesta Carnicer. Mientras yo compro la rosca, dijo Apicius, tu vas al taller a reparar el pinchazo.
Ya estaban en Cariñena cuando Lukas inició su homilía. Fue breve pero desustanciada. Como no domina el español dejó constancia de la sorpresa que le causaba el ver que los hombres del lugar “se hiciesen sus necesidades en diez” y en algunas ocasiones en el “Altísimo.” Constató el hecho de que ellos reconocían lo impropio de tales exclamaciones y apenas nombró a San Blas Obispo de Sebaste en Armenia.
Entró Apicius como una exhalación en la pastelería y pidió una rosca. La pagó la metió en una bolsa de plástico y recorrió de nuevo la calle Mayor de Cariñena para buscar al Dioni y su bicicleta. Suscipe, sancte Pater, omnipotens aeterne Deus, hanc immaculatam Hostiam. Apicius empezó a constatar que su empresa no iba a ser nada fácil. Del cielo encapotado comenzaron a caer blancos copos de nieve, grandes como hostias inmaculadas. Los copos, como fiambreras, estaban cubriendo por instantes la calle Mayor. Entró en el estanco a comprar tabaco y en el casino a tomar una copa de coñac. Será preciso, se dijo, que me arme de valor pues la subida a Encinacorba va a ser terrible.
A la altura de la bodega de Ignacio Marín estaba Dioni con la bicicleta arreglada. La cestilla trasera delataba su presencia entre la cortina de copos espesos que apenas dejaban ve a dos metros de distancia. Oferimus tibi, Domine, calicem salutaris. El cura estaba en el momento de ofrecer el Cáliz de Salvación. Las beatas con la rodilla hincada se daban recios golpes de contrición en sus pechos. En estas que Dioni le dice: “monta que yo te empujo”. Apicius colocó la rosca en la cesta trasera de la bicicleta, se caló la boina hasta las cejas y se dijo. ¡Que sea lo que Dios quiera!
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, miserere nobis. Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo ¡ten misericordia de nosotros! En ese mismo instante Lukas y Apicius habían entrado en una conjunción perfecta, en una sintonía cósmica, en un estado de limpieza de espíritu gratificante y puro. Sólo que Apicius pedaleaba a la altura de Las Planas con una carretera que a cada momento se desdibujaba y se convertía en una sábana blanca indiferenciada del resto del espacio que le rodeada. Sin referencia alguna, pedaleó y pedaleó como un loco, intuía que en el instante próximo acabaría en una cuneta o debajo de un puente. Las curvas de Las Planas le descubrieron la capacidad del hombre para sobrevivir en las circunstancias más difíciles. Un coche bajaba hacia  Cariñena y, sus luces, le orientaron por un instante.  Tras el encuentro procuró seguir las carriladas que dejaba en la carretera el vehículo. Ahora tocaba subir la cuesta Carnicer. Sin embargo, algo verdaderamente sorprendente sucedió en aquella endiablada cuesta. Nada más pasar el puente bajo los raíles del tren comenzó un fenómeno muy repetido en este pequeño trayecto, cual es, la inversión térmica. De repente dejó de nevar y un viento helador azotó la cara de Apicius. Sobre su boina se había creado una espesa capa de nieve con la forma de una tarta nupcial que rápidamente comenzó a helarse. Lo mismo sucedió sobre el portaequipajes, sobre los manillares y sobre las rodillas del ciclista.
Hecho un carámbano de hielo. El bueno de Apicius llegó a la puerta de la iglesia en el momento  en que Lukas decía: Ite missa est. Sin apenas fuerzas y ante la mirada atónita de las beatíficas señoras, lanzó la rosca desde la misma puerta de la iglesia con tal acierto que ésta fue a clavarse en el dedo pulgar de SAN BLAS.  “El Aguas” quedó atónito y comenzó a rascarse la cabeza como un poseso. Desde ese día desconfió de la ciencia y de la técnica y abdicó de su cargo como campanero-eléctrico. El sacristán cayó de rodillas y sintió como un coro de ángeles blancos cantaban entre los nervios góticos de la crucería del templo. Las mujeres, con la cabeza vuelta hacia la puerta no acababan de comprender nada de lo sucedido. Cuando finalmente el sacristán explicó lo acaecido cayeron de hinojos dando gracias al Altísimo.
El cura polaco de Encinacorba, por fin, pudo bendecir al santo con su rosca en la mano. Tras la misa comenzó a regalar y de la bicicleta de Apicius comenzaron a bajar, por efecto del calor y de la gravedad, cristalinas estalactitas de un agua clarísima, transparente y pura que aquí llaman: ¡chupones!, y en otros sitios, ¡carámbanos!
 En la fotografía de arriba se muestra tal como quedó la bicicleta de Apicius en la calle Mayor de Encinacorba. No hay artificio alguno en ella y muestra, bien a las claras, lo que verdaderamente sucedió en Encinacorba el día de San Blas, obispo de Sebaste (Armenia) en el año del Señor de 2015.
San Blas de Encinacorba
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