EL OCASO DE LAS
IDEOLOGÍAS Y EL PRINCIPIO DEL POPULISMO
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Las religiones, dicen unos, son intrínsecas al
ser humano. Los evolucionistas, sin embargo, mantienen que aparecen como una
necesidad evolutiva de cara a la supervivencia. El polo esencial y sustancia
estuvo y está en la India y a medida que éstas fluyen en ambas direcciones del
planeta se hacen más sincréticas. La religión no deja de ser, en cualquier
caso, una “ideología”, una creencia que conforma una doctrina para guiar al
hombre durante su estancia en la tierra (el libro del cristiano). La antigüedad
u origen de la religión no se podría precisar con exactitud, pero si nos
atenemos a las civilizaciones primitivas más florecientes, cumplen muchos milenios.
Hay religiones que son emanentes, esto es, que nacen del mimo cuerpo social y
aún de la naturaleza misma. Por el contrario, otras religiones son reveladas
(la cristiana, por ejemplo) conocemos a Dios porque Él se nos ha dado a
conocer. Unas son apostólicas, propagandistas, dan a conocer la verdad revelada
(Musulmana, Cristiana); por el contrario las hay que forman una unidad
indisoluble con su pueblo como la judía. Un elemento sustancial y básico de
todas las religiones es el rito que las entronca con los primitivos ritos
mágico-simbólicos.
Así pues, hoy
día, las religiones siguen teniendo vigencia pese a que algunos pensadores las
hayan dejado finiquitadas: DIOS A MUERTO.
¿Hay un ocaso,
pues de las ideologías? Parece ser que sí, tanto en su fórmula religiosa como
en la profana o secular. El Marxismo, que pretendía un nuevo orden social a
escala mundial está tan decapitado que sus líderes actuales renuncia a
pronunciar la palabra marxismo o comunismo. Las corrientes populistas pretenden
hacer un refrito de los puntos esenciales de las ideologías sustanciales afines
y generar fórmulas de “fácil digestión”.
Hay, si se
quiere, un nuevo Dios emergente: La Ciencia. Ésta, está dispuesta a satisfacer
todas las necesidades humanas. ¿Todas? Bueno casi todas. Fijémonos en una en
concreto: la reproducción humana. Estamos tocando el final de una revolución
sexual que comenzó con la monogamia y, el comienzo, de otra nueva revolución
sexual que nace en América del norte con el movimiento Hippie. A partir de
ahora, la finalidad del sexo ya no será exclusivamente la reproducción, sino el
placer. La Ciencia está creando grandes bancos
de material genético para dar satisfacción a las parejas infértiles o
del mismo sexo. La revolución sexual del neolítico nos ha llevado a una
superpoblación de siete mil millones de seres humanos y aún se espera que
alcancemos pronto los nueve mil millones
de seres humanos en la tierra.
Si hace apenas
cien años el Marxismo-Leninismo estaba en su apogeo y Lenin podía dar a la
prensa "titulares" como ese que señalaba que, a pesar de todo,
llevaban el viento a favor: “Cabalgamos sobre nuestras propias
contradicciones”. Hoy, apenas queda el despojo del marxismo. Ha nacido el
populismo. En marxismo-leninismo fue una consecuencia de la revolución
industrial y está pensado/formulado para liberar al proletariado del yugo
opresor del patrón y del capital. Lo óptimo hubiera sido aplicarlo en
Inglaterra (RU) o quizá en Europa occidental que eran países industrializados,
sin embargo, se aplicó en otros de base social campesina dando lugar a una
desvirtuación de su doctrina. Sin embargo, el marxismo ha culminado su ciclo no
por sus propios deméritos, sino por la sencilla razón de que el proletariado ha
desaparecido. Es decir, ya no tiene objeto, pese a que, por el contrario, el
capitalismo está cada vez más fortalecido.
Desaparecido el
proletariado, la familia tradicional, el rol de los sexos, la práctica
religiosa. La sociedad, al menos la occidental, se ha aburguesado y no quiere
tener hijos. No completamos la “tasa de reposición” (crecimiento vegetativo,
pirámides poblacionales invertidas) y estamos condenados a “permitir” la
llegada de gentes de países menos desarrollados para hacer las tareas más
ingratas. Esta recogida de mano de obra barata es una tarea que nos facilitan
las ONGES.
Estamos en una
sociedad de lo práctico y de lo inmediato. Y este cambio en las conductas es la
que hace caer a los líderes. Robar en un supermercado, falsificar un currículo,
no cubrir la seguridad social del empleado, manejar signos externos de riqueza
que afrentan a las capas más desfavorecidas, ir a la política para
enriquecerse, etc., son moneda diaria.
La iglesia que
se mantiene firme en sus principios (celibato sacerdotal, por ejemplo) va
perdiendo día a día “parroquia”. Pese a que, en la actualidad, es el cuerpo
social con mayor coherencia y exigencia entre la teoría y la praxis.
El terrorismo
que ataca a la sociedad occidental tiene dos raíces una es religiosa
(musulmana) como consecuencia de la caída del imperio otomano y las
descomposición de su histórico territorio con base en Turquía, en pequeños
estados. La otra raíz es ideológica, de naturaleza marxista que aprovecha los
residuos nacionalistas de pequeños territorios para implantarse, es el caso de
Las Provincias Vascas, en España (la Tercera Internacional estableció el
derecho a la liberación de los pueblos oprimidos, resquicio por el que se introduce
el llamado: Derecho a la Autodeterminación).
Si no estamos
sujetos a un ideal es fácil que a todo le pongamos un precio. Y es aquí, donde
el dios dinero se alza en esa dualidad que rige el mundo: La Ciencia y el
Dinero.
En una sociedad
con una progresiva pérdida de valores es el precio, el que da significado a las
cosas: 600.000 euros es un escándalo. Pero, un vientre de alquiler está cada
día mejor visto. Modos y modas que van evolucionando en una sociedad
desideologizada y desorientada, es decir, sin que se tenga una meta y una ruta
trazada para llegar a un fin.
Hoy, el Fin del
Mundo se interpreta en dos claves. Una, armas de destrucción masiva y, otra,
como consecuencia del súper-consumo, la súper-contaminación puede poner en
peligro una biosfera hasta ahora habitable (aire y agua). Si antaño era el
infierno lo más temible, ahora es el Cambio Climático.
Con todo este
amasijo de ideas, seguramente, alguien pretenda crear un hilo conductor, una
hilazón un germen de ideología sustitutoria que pueda orientar al hombre
contemporáneo de alguna forma. Y es cierto, se intenta. La base de la nueva
ideología ya no es el proletariado, sino una fórmula más genérica: LA JUSTICIA
SOCIAL. Piensan que esta formulación permitirá un mayor recorrido en el tiempo.
Lo problemático de esta formulación es que lo bienes que piensan repartir no
están en sus manos, sino en la contraria. Días pasados, un diputado de la
(CUP-Cataluña) lo dejó sentenciado: Primero repartiremos la riqueza y luego,
estableceremos cuales son los adecuados métodos de producción. Como siempre en
toda revolución se trata de cambiar una estructura por otra, saben lo que
quieren quitar, pero no tienen claro lo que quieren poner. ¡Un problema!
El populismo
quiere meter en la “túrmix” todos eso ingredientes para ver que sale: marxismo,
evolucionismo, nacionalismo, liberación sexual, ecologismo, etc., etc. La otra
parte le advierte: Los experimentos con gaseosa.
Si los
protestante, ingenuos, llegaron a la conclusión de que solamente con la Fe era
suficiente para salvarse, la Iglesia que es (Una Santa Católica y Apostólica)
les respondió: LA FE, SIN OBRAS, ES FE MUERTA.
En realidad,
estamos al principio o, por el contrario, estamos dando vueltas en círculo. El
hijo quiere un móvil de esos que tienen multifunción pero, para conseguirlo, es
necesario el DINERO. Hoy los ideales
(antaño el cielo) se consiguen con dinero. Estamos en el ocaso de las
ideologías pero, la pregunta es, si podremos vivir sin ellas o estamos condenados
a formular otras nuevas que den sentido a nuestra existencia.
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