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viernes, 21 de junio de 2019

Cuadernos06/2019. PINTURA, CERÁMICA Y ESCUDO.

Pintura de J. Rello, fechada en el año 1968. Desconocemos todo sobre este pintor. El cuadro representa el arco de entrada a Encinacorba llegando de Cariñena por la calle de Mariano Lagasca y, en primer término, la plaza del Maestro Isern con la fuente ya desaparecida.
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Cerámica policromada en una casa del Planillo.
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El escudo de Encinacorba anterior al actual, ya normalizado, se representa (tal como se ve en el dibujo) con el águila de San Juan Evangelista. Este símbolo (el águila) lo utilizó por primera vez en su escudo la reina Isabel I de Castilla (La Católica) por ser devota de San Juan y ser coronada en el día de su  onomástica.
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jueves, 20 de junio de 2019

Cuadernos06/2019. EL NUEVO EQUIPO MUNICIPAL DE ENCINACORBA

El 28 de junio de 2019 se cumple el 180 aniversario de la muerte de Mariano Lagasca.
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Este cuadro con la imagen de don Mariano Lagasca, el botánico más importante de Europa en la primera mitad del siglo XIX, preside el salón de plenos de la Casa de la Villa en Encinacorba.
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Nueva corporación municipal de Encinacorba
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Plaza del Maestro Isern
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Pintura de Forcellino. Encinacorba, desde el camino de Santa Cruz.
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Juan Antonio Pellicer y Pilares es uno de los escritores más importantes del siglo XVIII en España.
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Nuestra Señora del Mar, talla gótica del siglo XIV
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Cuadernos06/2019. CONSTITUCIÓN DEL NUEVO AYUNTAMIENTO DE ENCINACORBA. 15/06/2019

El día 15 de junio a las 11:00 horas se constituyó el nuevo Ayuntamiento de Enicnacorba.
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Formaron la Mesa de Edad: Esther Auré e Ina Crenguta. Asistió: el Secretario de Codos.
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Esther juró el cargo de concejal
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Jesús Martín juró el cargo de concejal
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Ina Cregunta
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Manuel Gasca
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José Carlos Pardos
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Elegido nuevo alcalde por votación de viva voz, se procedió a la colocación de las bandas. El alcalde, Jesús Martín, lleva el escudo en el pecho, el resto de concejales lo lleva "en estola".
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martes, 4 de junio de 2019

Cuadernos06/2019. JABALOYAS, EJEMPLO DE TORRE FORTIFICADA


JABALOYAS
(Ejemplo de torre fortificada)
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Estamos, prácticamente, a un año de conmemorarse la célebre batalla de Cutanda (1120). En el año 1118 el rey Alfonso I de Aragón conquista Zaragoza y tras la batalla de Qutanda/Cutanda tiene que asegurar un Territorio, amplio, despoblado y carente de buenas fortificaciones. Novecientos años, pues, nos contemplan desde aquellas fechas. De este afán conquistador del rey Alfonso surge, por el contrario, la necesidad de defensa. En la parte occidental de Aragón tiene Alfonso que controlar cinco puntos estratégicos: Soria, Calatayud, Daroca, Molina y Albarracín. Y es significativo que desde Molina (de Aragón) organicen los almorávides la contraofensiva. Por esta razón y tras Cutanda el rey crea una línea defensiva al tomar Molina y crear en Monreal del Campo una Militia Christi. A la muerte del Batallador el eje defensivo es: Molina-Monreal-Cutanda-Fraga. Será pues, ahora, el momento de crear numerosas y pequeñas fortalezas que sirvan de apoyo a los núcleos principales. De esta forma se va creando un sistema: administrativo-defensivo conocido como LAS COMUNIDADES. Calatayud, Molina, Daroca, Albarracín y Teruel se organizan mediante SEMAS (hay quien le atribuye origen celta) y a la reunión se sesmeros se le llama PLEGA y PLEGA GENERAL. Si en el año 1118 Alfonso I conquista Zaragoza, en el 1168 Alfonso II (50 años después) llega a Teruel. El año 1170 la taifa de Albarracín pasa de manos del rey Lobo de Murcia a las de los señores navarros de Azagra. Alfonso II adelanta de Monreal a Teruel la línea defensiva y establece en la villa de Teruel una potente cabeza de puente hacia Valencia. El nuevo eje defensivo del que parte la conquista de Valencia es Albarracín-Teruel-Morella (luego se conocerá como Ruta de la Lana). Jaime I visita a menudo al señor de Albarracín (así lo acredita Bernardino Gómez Miedes) pues quiere tener la retaguardia protegida.
Es en este espacio de 50 años es cuando se crean las fortificaciones en esta zona entre Zaragoza y Teruel que, en la práctica, es lo que hoy llamaríamos un desierto poblacional. Estas fortificaciones se realizarán en torno a una pequeña iglesia románica y en el mejor de los casos con uno dos patios interiores al recinto murado, son los llamados Castillos Paisanos. Entre Zaragoza y Teruel solamente hay un puerto de montaña, se trata del Puerto del Alto de San Martín que entrega, para su defensa, Alfonso II a los Templarios. Ejemplo vivo de este tipo de fortificación es la de Jabaloyas, aunque la torre sea recrecida posteriormente. El segundo momento en que se fortifica el territorio es tras la Guerra de los Dos Pedros, finales del siglo XIV. Se levantan torres ex-novo o se recrecen las ya existentes y es que, esta zona del Aragón oriental, estaba muy desprotegida. Un tercer momento obedece, en el siglo XVI, al temor al protestantismo. Y, aunque tiene mayor incidencia en el pirineo con las ciudadelas, como la de Jaca, en el resto del territorio se realizan o reparan algunas pocas torres. Para los siglos XVII y XVIII las torres se recrecerán sobre el basamento de mampostería o piedra sillar con ladrillo y su función será más de campanario que defensiva.
Particularmente, las torres que se levantan o recrecen en el siglo XIV, siendo coetáneas no obedecen a un formato común, sino que son de diferente factura y con diferentes materiales. Por ello no se pueden incorporar a un mismo estilo arquitectónico.
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lunes, 3 de junio de 2019

Cuadernos06/2019. LAGASCA EN UN MEDALLÓN DE LA ANTIGUA FACULTAD DE MEDICINA Y CIENCIAS DE ZARAGOZA

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LA ICONOGRAFÍA CIENTÍFICA EN LA FACULTAD DE MEDICINA Y CIENCIAS
por 
MARÍA PILAR LAGUÍA MINGUILLÓN
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(Extracto del contenido del trabajo dedicado a Mariano Lagasca)
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Nota: Obsérvese la cantidad de errores que contiene el trabajo fruto, sin duda, de lo desconocida que es esta figura para los aragoneses.
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LA GASCA SEGURA, MARIANO.—Nació en Encinacorba (Teruel)(sic), en 1776, y falleció en Barcelona, en 1839. Hijo de campesinos acomodados, sus padres le destinaban a seguir la carrera eclesiástica, con lo que se mostró en desacuerdo desde que comenzó sus estudios, estudió en Tarragona Filosofía y Humanidades. Allí conoció a Antonio Martí Franqués quien le hizo interesarse por la Botánica y le acompañó en sus primeras herborizaciones. Decidido a estudiar Medicina, hizo el primer curso en Zaragoza, pero llevado por su interés por la Botánica se trasladó a Valencia (1796), donde asistió a las clases de Vicente A. Lorente en el Jardín Botánico. En Valencia, donde permaneció hasta 1800, además de cursar Medicina se dedicó con entusiasmo a la Botánica: recorrió herborizando toda Valencia, Murcia y provincias vecinas. En esta época conoció a Humboldt. Con el fin de ampliar estudios se trasladó a Madrid. Durante el viaje, a pie, se dedicó a herborizar ampliando su ya rico herbario. En Madrid conoció a Antonio José Cavanilles. Cuando en 1801, fue nombrado Cavanilles catedrático del Jardín Botánico de Madrid hizo que La Gasca y Rodríguez fuesen nombrados sus ayudantes. La Gasca colaboró grandemente en la reorganización del Jardín, en la enseñanza y comenzó a publicar sus trabajos en los Anales de Ciencias Naturales. Fue comisionado por el Gobierno para viajar por la Península, a propuesta de Cavanilles, para trabajar en la flora española y en su primer viaje por León y Asturias, halló el liquen islámico (sic), en el puerto de Pajares. Durante la Guerra de la Independencia, sirvió como médico, no olvidando su herbario que enriqueció en sus continuas marchas. En 1888 publicó el primer número de "Amenidades naturales de España", célebre por la "Disertación sobre un nuevo orden de plantas de la clase de las compuestas". Publicó la "Flora Española" y en 1816 dos folletos, uno titulado "Elenchus plantarum H.R. M." Catálogo del Jardín Botánico de Madrid, que el célebre Sprengel, en su "Filosofía de la plantas" propone como modelo en su género y en otro denominado "Genera et Species plantarum aut novas sunt, aut recti cognoscuntur", catálogo que contiene descripción de 411 especies y algunos géneros de nueva creación, obra muy elogiada por el botánico A. P. Decandolle. En 1817 publicó la "Memoria sobre plantas barrilleras en España" de la que se hicieron extractos en varios idiomas. Entre otras obras merece destacar el Discurso pronunciado en la apertura del curso Botánico, el 9 de abril de 1821. En 1823 tuvo que expatriarse y sus manuscritos y herbario fueron CHJZ - 51-52 221 María Pilar Laguía Minguillón destrozados por los amotinados en Sevilla, a excepción de la "Ceres española" y algunos tipos originales de La Gasca que se encuentran en el Herbario del Jardín Botánico de Madrid. Durante su estancia en Londres examinó el Herbario de Linneo, publicó en el Gardenerés magazine un estudio sobre el estado de la agricultura española; con el resultado de sus herborizaciones en los alrededores de Londres, publicó "Hortus siccus londinensis", tradujo la "Teoría elemental de Botánica" de De Candolle y volvió a escribir los "Elementos de Botánica", que perdió en Sevilla; publicó varios artículos en un periódico titulado "Ocio de los españoles emigrados". En Londres fue muy bien acogido por los botánicos ingleses. Herborizó en varias ocasiones con Willian Mooke y gracias a él, a Robert Brown y Hohn Lindley, entre otros, dispuso del Jardín de Chelsea para cultivar los cereales y fue nombrado socio de la Linnean Society. Sus estudios sobre selección de especies y mejoras de cultivos fueron elogiados por el célebre botánico holandés Hugo de Vries en su famosa obra "Especes et varietes" quien afirma que el descubrimiento de que las plantas cultivadas son generalmente mezcla de especies y variedades diferentes, fue idea original del botánico La Gasca, expuestas después de haber realizado memorables experiencias. A su vuelta a España, a la muerte de Fernando VII, le fue encomendada nuevamente la dirección del Jardín Botánico de Madrid. El nombre de La Gasca está repetido mil veces en las obras de Botánica descriptiva. Donde quiera que se rinde culto a la Botánica es oído el nombre de La Gasca con mucho respeto.
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Cuadernos06/2019. PROCESIÓN DE LA VIRGEN DEL MAR

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sábado, 1 de junio de 2019

Cuadernos06/2019 EL ESCULTOR FÉLIX MALO

Capilla de la Virgen del Mar en Encinacorba
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El escultor Félix Malo y el influjo pozzesco en la iglesia del colegio de la Compañía de Jesús de Calatayud
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 Félix Malo (h. 1733-1779) nació en Barbastro (Huesca), hijo del también escultor Antonio Malo y de María Teresa Martínez. Con toda seguridad, aprendería los rudimentos del arte de la madera en el taller paterno, artífice que ha visto engrosar su producción con piezas de gran interés artístico en los últimos años. Hacia 1754, Félix viajó a Zaragoza, donde permaneció hasta 1760, seguramente adscrito al taller de los Ramírez con los que colaboraría en sus encargos. Manrique Ara ve probable su intervención en el equipo de escultores dirigidos por Manuel Ramírez que llevó a cabo la portada de estuco de la iglesia de la Cartuja de Aula Dei entre 1755 y 1760, debido a las similitudes que comparte la imagen de la Virgen que la preside con la del retablo mayor del monasterio cisterciense de Santa María de Huerta (Soria), realizado por Malo entre 1765 y 1766. La misma autora propone que el barbastrense pudo asistir a las clases del pintor José Luzán en la Academia de Dibujo fundada por Juan Ramírez, padre de José y Manuel, en 1714 en Zaragoza, pues, como asevera el profesor Ansón Navarro, pocos artistas aragoneses quedarían al margen de su tutela en materia dibujística. En 1760, Malo se trasladó a Calatayud (Zaragoza), ciudad en la que falleció en 1779. Allí establecido, ejecutó sus más importantes obras, como las esculturas para el retablo mayor del monasterio cisterciense de Nuestra Señora de Piedra (Zaragoza) entre 1760 y 1763, de las que solo se conserva el grupo de la Asunción en la parroquial de Ateca (Zaragoza); el mueble principal, los dos del transepto, la venera que cierra el ábside y, probablemente, el altar dedicado a San Francisco de Borja de la iglesia del colegio de la Compañía de Jesús de Calatayud —actual de San Juan el Real—, todo datado entre 1762 y 1767; el retablo mayor de la iglesia del monasterio de Huerta ya citado, colocado en 1766; la decoración de la capilla de la Virgen del Mar de la parroquial de Encinacorba (Zaragoza) en 1767; el retablo de la capilla de San José de la colegiata de Santa María de Calatayud hacia 1770, donde también se le atribuyen el de la Virgen de la Soledad y los dos pequeños del lado de la epístola en el trascoro; el retablo de San José de la parroquial de San Andrés, y el magnífico baldaquino de la iglesia del Santo Sepulcro de la misma ciudad, concluido en 1772, del que se conservan dos bellos dibujos que se le atribuyen. En todas estas obras, Malo hace gala de un conocimiento detallado de las láminas del tratado de Pozzo. Los juegos de planos escalonados, el empleo de amplios voladizos y cornisas retranqueadas, el uso de entablamentos curvos, de columnas proyectadas hacia el exterior y de frontones curvos partidos cuyos efectos aumentan si la obra se observa desde abajo, lo que crea una suerte de ilusionismo arquitectónico, así como la distribución teatral de las esculturas y el sentido escenográfico que el jesuita italiano imponía a todos sus proyectos aparecen pródigamente en la producción escultórica de Félix Malo. De hecho, Pozzo ofreció imágenes con el objetivo de que sirvieran de modelo y de inspiración para los artistas que los desearan llevar a la práctica y eso es justamente lo que hizo el aragonés tomando de unas y otras láminas los elementos que consideró necesarios para crear su propio proyecto, del que obtuvo un resultado deudor del barroco romano. Así, concretamente, para el diseño de los retablos de la iglesia del monasterio de Huerta (figura 10) y de la capilla de la Virgen del Mar de la parroquial de Encinacorba (figura 11), Malo debió inspirarse en las láminas 15, 60, 62 y 71 del tomo II del Perspectiva pictorum et architectorum. El retablo de San José de la colegiata de Calatayud muestra concomitancias con la lámina 77 del tomo II, sobre todo en cuanto a la solución del ático presidido por la figura de Dios Padre, así como con la 108 del tomo II para resolver las ménsulas del banco, mientras que, en el mueble de la misma advocación de la parroquia de San Andrés, sigue la estampa del retablo de San Luis Gonzaga del Gesù de Roma, según la lámina 62 del tomo II del hermano Pozzo. Sin embargo, los diseños más espectaculares ejecutados por Félix Malo con ecos pozzescos son los retablos de la iglesia del colegio de la Compañía de Jesús de Calatayud y el baldaquino del Santo Sepulcro de la misma ciudad, en cuyo estudio nos vamos a detener. Gracias a las inves tigaciones de los profesores Ansón y Boloqui, sabemos que, el 21 de junio de 1738, José Ximeno de Meca, presbítero beneficiado de la parroquial de Ateca (Zaragoza), nombró a los jesuitas de Calatayud como sus herederos testamentarios, con la finalidad de que pudieran ampliar y concluir la iglesia del colegio bilbilitano —iniciada en 1650—, adornar su interior con retablos y yeserías y dotar su sacristía con jocalias. Ximeno de Meca falleció el 31 de enero de 1748, y el 10 de mayo de ese mismo año se iniciaron las obras, que no concluirían prácticamente hasta la expulsión de los jesuitas en 1767. A este importante legado, valorado en 8.008 libras, 18 sueldos y 5 dineros, se unieron otros menos cuantiosos, pero igualmente valiosos, que permitieron concluir y dorar algunos de los retablos del templo. En concreto, en 1762 se doró el altar de San Francisco de Borja; en 1763, se concertó el retablo mayor con el escultor Félix Malo, que él mismo diseñó, y, en 1765, se confeccionaron los muebles dedicados al Santo Cristo y a la Inmaculada Concepción instalados en el transepto que muestran innegables semejanzas con el mayor. Igualmente, la espectacular venera que decora el presbiterio es obra de Malo, así como las tribunas del templo. El retablo mayor trazado por Malo (figura 16) reproduce con bastante pormenor el altar de San Luis Gonzaga de la iglesia de San Ignacio de Roma grabado en la lámina 62 del tomo II del tratado del italiano (figura 4), aunque sustituyendo las columnas salomónicas del cuerpo por soportes de orden compuesto de fuste liso y cubriendo parte de las superficies lisas de la mazonería con rocallas. Los angelotes que sostienen palmas de los extremos del ático, las volutas que rematan los frontones, el movimiento de la planta o el friso curvo que Pozzo introduce en el diseño romano aparecen igualmente en el mueble bilbilitano. Incluso la cartela coronada y sostenida por ángeles mediante guirnaldas que preside el ático del retablo pozzesco aparece en el remate, reinterpretado, en el de Félix Malo. No obstante, es preciso advertir que, tras el extrañamiento de 1767, el mueble sufrió una ligera transformación, dado que la imagen titular, la Virgen del Pilar, fue suplida por la escultura actual de San Juan Bautista del siglo XVI, así como las de San José y el santo mercedario de la calle del lado del evangelio, que parece representar a San Ramón Nonato, procedentes del desaparecido convento de la Merced de la misma ciudad. Si bien realizado en madera, su policromía, seguramente posterior a la expulsión de los jesuitas, imita el mármol y los jaspes, mientras que las esculturas del ático, las únicas originales que han perdurado fueron coloreadas en blanco para simular estuco, con lo que se adecuó, aunque fuera de manera fingida, a la estética neoclásica.
Ya destacamos que los retablos del transepto, atribuidos a Malo, también son deudores, pero de forma más libre, del Perspectiva pictorum. Sin embargo, preferimos detenernos en un pequeño mueble que ha pasado desapercibido para la historiografía y que evidencia, de igual modo y con gran claridad, la influencia pozzesca. Se trata del semibaldaquino de la sacristía de la iglesia jesuítica bilbilitana que alberga la imagen de Cristo Crucificado. Su autor, probablemente Félix Malo, vuelve a demostrar un manejo de las láminas del italiano, en particular de la figura 66 del tomo I, de la que toma la parte superior del templete circular para la solución de las pilastras avolutadas del cuerpo, combinada con el cerramiento calado del baldaquino de la figura 69 del tomo II, de la que extrae la idea de la utilización de las grandes «ces», aunque en Calatayud colocadas al revés.
Tomado de: Recepción del tratado del jesuita Andrea Pozzo en Aragón. Rebeca Carretero Calvo Universidad de Zaragoza. Departamento de Historia del Arte.
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Cuadernos05/2019. EL CONCIERTO DEL DÍA DE LA VIRGEN DEL MAR (SÁBADO 25 DE MAYO)

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