LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA
(Referéndum del 6 de diciembre de
1978)
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El primer coche que me compré fue e
un Dyane 6 y, esto fue, el mismo año en
que se aprobó la Constitución Española, es decir en 1978 (en el año 1977 aprobé
las oposicones). Subí al concesionario Barrabino de la carretera de Alcañiz y
lo encargué. Para tal día ya lo tendrás, me dijo. Así pues acudí a recogerlo y
me dijo: “Vamos a probarlo”. Me monté al volante y subimos por la carretera de
Cantavieja hasta Corbalán. De vuelta al taller me dijo: ¡ala a funcionar! Y me
marché con mi coche tan contento. Un tiempo después tuve que ir a cambiarle el
aceite; en otro tiempo le cambié la ruedas, la luces, los limpiaparabrisas…
etc., etc. Pero no se me ocurrió cada vez que tenía un problema con el
automóvil, CAMBIAR DE COCHE, es decir,
comprarme otro nuevo. Después de unos buenos años en que el vehículo me
llevó por muchos pueblos de la provincia de Teruel y, que dio muestras de “cansancio” (repetidas visitas
al taller), decidí cambiarlo por otro nuevo.
Tomando el símil del coche, podemos
decir, que la CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA es el coche, el vehículo en que vamos
montados todos los españoles. Para unos la Constitución está en buen estado,
para otros es vieja y hay que cambiarla. Hay discrepancia de pareceres. Pero si
nos fijamos un poco nos daremos cuenta que no es tan vieja si la comparamos con
la de EEUU o la del reino Unido de la Gran Bretaña o la de Francia… Nosotros
tenemos una Constitución que hasta hace más o menos un mes “no la habíamos probado
en su totalidad”. No sabíamos si funcionaba bien en todos sus artículos.
Había un gran temor en aplicar el 155
de la constitución. Se trataba de una avería importante en el motor de España.
El mecánico / el equipo de mecánicos (Legislativo, Ejecutivo y Judicial) tuvo
que ponerse en marcha. El Senado aprobó su aplicación. El Ejecutivo destituyó a
los rebeldes y, el Judicial, juzgará y sancionará a los rebeldes.
Podemos decir en estos momentos que
el coche funciona bien. Pudiera ser que necesitara “algún arreglo” pero, eso se
puede hacer, llevándolo simplemente el “taller”. A través de Leyes Orgánicas se
puede poner remedio a las urgencias. Más, si tenemos en cuenta, que se ha
realizado en España el más importante proceso de descentralización de
administrativa de mundo sin que haya sido necesaria la reforma de la
Constitución: EDUCACIÓN Y SANIDAD (por ejemplo). Muchas personas estarían hoy
de acuerdo en dar marcha atrás en estas dos materias, visto los excesos y las
disfunciones que se producen. Piden el retorno al Estado de esas dos
transferencias, importantísimas y que han dado lugar, en buena medida al
problema catalán, con base en el adoctrinamiento en las escuelas durante casi
40 años.
En el asunto de la reforma
constitucional hay que “seguir la escondida senda por donde han ido, los pocos
sabios que en el mundo ha habido…” (Fray Luis de león). Pero, sobre todo, haciendo trasposición al mundo de la política
(gobierno del mundo) de las palabras de San Ignacio de Loyola cabe ser
prudente: “EL TIEMPO DE TURBACIÓN NO HACER MUDANZA”.
La sociedad española ha sido
perturbada por el problema catalán. Hasta tal punto que, por ejemplo, hace dos
días hubo un altercado en el Servicio de Urgencias del Hospital Obispo Polanco
de Teruel, entre pacientes, por una discusión sobre la (supuesta) mayor eficacia
de la medicina catalana sobre la española. Tuvieron que poner paz los servicios
de seguridad del centro hospitalario.
Entre ambas, Santa Bárbara (4 de diciembre) y la Purisma (8
de diciembre), nos protejan y cuiden la Constitución Española. Una Constitución
que ha sabido al menos desde 1978, como dicen en mi pueblo, ACAUDILLAR a este díscolo pueblo que es,
El Español.
Bandera y blasón de la Primera República Española
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