EL ESTADO LAICO Y EL PATRIMONIO
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El laicismo es la neutralidad del
Estado respecto a las diferentes opciones de conciencia particulares. Conviene
precisar en primer término que el Estado contemporáneo debe ser neutro y, por
tanto, respetuoso con cualquier manifestación religiosa. Las distintas
concepciones religiosas, de igual modo, deben respetar la organización del
Estado. Sin embargo, y para lo que aquí interesa, es preciso señalar que el
Estado también debe velar por la cultura y, allí donde ésta se manifieste,
acogerla y protegerla en su totalidad y sin prejuicios. Ser laico no significa
ser antirreligioso o combatir los sentimientos religiosos de los demás.
Sucede que, nuestra tierra, por
razones de su historia, posee un innumerable catálogo de obras de arte
religioso. Quién cataloga esas obras, porque tiene autoridad para ello es el
Estado representado en sus diferentes instituciones (Gobierno nacional,
Comunidad Autónoma, Diputación, Ayuntamiento, etc.) La catalogación lleva
consigo una serie de derechos y de obligaciones. El Estado al declarar un bien
con valor cultural, en sus diversas calificaciones, se compromete a su custodia
y a mantenerlo en las mejores condiciones. También esas instituciones del
Estado tienen la obligación de intentar recuperar el patrimonio perdido por
diversas circunstancias. Estamos hablando, por ejemplo, del Monasterio de
Sijena.
Sin embargo, hay otros casos en los
que el Estado por la razón que sea llega a abandonar un bien cultural. Y, en
ese caso, el ciudadano de a pie tiene el derecho y, también la obligación
ética, de demandárselo.
Veamos un caso práctico. Se trata de
la ermita de Santa Quiteria de Encinacorba. En la actualidad, en la Lista Roja
del Patrimonio Español de Hispania Nostra. Es una ermita del siglo XIII de
transición del románico al gótico. Cuando se hicieron las transferencias en
materia de arte del Gobierno de España a la Comunidad Autónoma de Aragón al
edificio, que es propiedad de la Iglesia Católica, se le dio la calificación de
Monumento Nacional. Cuando la Comunidad Autónoma de Aragón revisó y ordenó el
modo en que había que catalogar los monumentos se le asignó el título de BIC
(Bien de Interés Cultural). Como de forma consecutiva, se continúo dejando
abandonado a su suerte el edificio y, éste, deteriorándose con el paso del
tiempo, se le atribuyó otro título, ahora,
de Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés.
En el prolongado intento que
mantuvimos por salvar el monumento el Ayuntamiento (PSOE) señaló de forma
errónea (contra la Ley del Patrimonio) el principio de laicizad y dijo,
literalmente: “Si la ermita es de la Iglesia, que la arregle la Iglesia”. Es de
la Iglesia, cierto, pero el Estado la ha catalogado y con ello se ha
comprometido a su cuidado y mantenimiento. En las siguientes elecciones se
cambió de Ayuntamiento (PP) y mientras tanto puestos en contacto con APUDEPA,
el Justicia de Aragón, etc., etc. se llevó el asunto a las Cortes de Aragón
(PP). Por fin, pensamos que el asunto estaba resuelto. Se votó en Cortes, lo
incluyó el Gobierno de Aragón (PP) en sus presupuestos y cuando ya se iban a
comenzar las obras… por arte de magia los dineros se fueron a arreglar una
capilla de la Catedral de Tarazona. Nos quedamos con cara de tontos y
convencidos de que nunca jamás íbamos a entrar en política. Por tal desacato,
dos concejales del Ayuntamiento dimitieron.
En Encinacorba se sigue, algunos
siguen, con la cantinela laica: “Que la arregle la iglesia, que para eso es
suya”. Ser laico no es ser antirreligioso. Lo mismo que toda persona religiosa
debe respetar la falta de sentimientos religiosos en los demás. Compete al
"Estado" el destino de la emita, hasta que, llegados al estado de
ruina total se descatalogue.
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Nuestros pueblos están llenos de
obras de arte y edificios catalogados, la mayor parte de ellos propiedad
de la Iglesia. Es deber de las distintas
instituciones públicas proteger a todos ellos.
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