Quedarse "a la luna de Valencia" se decía de aquellos que quedaban fuera de esta ciudad, de noche, tras cerrar sus puertas y perder, por tanto, su protección.
*
LAS PEQUEÑAS TIENDAS DE LOS PUEBLOS
*
La ciudad es, sin lugar a ninguna duda, la creación más genuina de la civilización humana. En la ciudad encuentra el hombre todo lo necesario para completar su ciclo vital. Quedarse fuera de la ciudad, sin protección, es "quedarse a la luna de Valencia". Pero, la ciudad por excelencia para nuestra cultura occidental es, Jerusalén (ciudad dorada que colma las aspiraciones materiales y espirituales del hombre).Todo núcleo de población que nace aspira a ser ciudad, sin embargo, pocos lo consiguen. El desarrollo de modernos y rápidos medios de comunicación (paradójicamente) no han hecho crecer a los pueblos sino que, por el contrario, las ciudades van ganando día a día en habitantes y servicios. Nuestro pueblos sufren una sangría poblacional que les condena a la desaparición irremisiblemente al adoptar, los habitantes de los pueblos, pautas de conducta propias de los residentes de la ciudad. Veamos el caso del comercio local. En los pueblos no es posible elegir y, quien opta por esa opción, la sufre negativamente en sus propias carnes. Vivir en los pueblos requiere, pues, una conciencia especial que no todos están dispuestos a asumir.
*
Se tiene por seguro que el progresivo
deterioro del tejido social ocasiona a medio y corto plazo la desaparición de
un pueblo. Si entendemos por “pueblo” un ente vivo en el que las personas
tienen cubiertas sus necesidades básicas, en cuanto a lo físico, y el
suficiente “alimento”, en lo psíquico.
Un
pueblo deja de ser “pueblo” cuando se produce su “rescate” por medio de la intervención
de la administración en todas o en buena parte de los servicios que
anteriormente eran de libre desempeño y competencia privada. Un ejemplo de esto se
produce en la provincia de Teruel con los llamados Centros Multiservicios.
Reproducen el modelo de las viejas tiendas o ultramarinos de los pueblos y en
las que se trata de cubrir desde el alojamiento turístico, pasando por el bar,
hasta llegar al servicio de Internet. Su funcionamiento sale a concurso general
y no son pocos los problemas que ocasionan.
De una forma sosegada y reflexiva, se
debería debatir el tema de la despoblación para su aplicación positiva a la realidad de Encinacorba. En primer lugar sectorizando
los servicios y las fuentes de producción. Qué producimos, cómo rentabilizamos
esa producción (valor añadido). Qué servicios necesitamos y cómo nos proveemos
de ellos de la forma más eficaz y de mayor calidad.
Vayamos a un caso práctico. Los
ciudadanos de Encinacorba, mayoritariamente jubilados, necesitan proveerse de
alimentos y para ello tienen las tiendas. La tienda es un establecimiento
radicado en la localidad, abierto con todos los permisos y pagando todas las
tasas (que no son pocas) a la DGA, S.S., Hacienda y al Ayuntamiento, como debe ser. Sin embargo, vemos a diario
que llegan al pueblo furgonetas anunciando la venta de fruta, por ejemplo. Todos
esos vendedores ambulantes hacen una competencia desleal a la tienda del pueblo,
estafan a la Hacienda Pública, a la Seguridad Social y fomentan el robo de
fruta en las zonas frutícolas de Aragón. El pueblo debería tener un día regulado de Mercado Público. Ya hay muchos pueblos en los que anuncian la prohibición de la venta ambulante porque es un fraude y fomenta el robo.
El abuelo/a sentado delante del
televisor se persigna cuando en el telediario se denuncian los robos y, maldice
al Gobierno, por no tener mano dura con esos desaprensivos. Sin meditar que él
/ella acaban de fomentar esa práctica con la compra de los melocotones robados
en la Almunia (por ejemplo). Si en la alta política hay corrupción, también la hay en el
pueblo llano. La venta ambulante “no regulada” perjudica a la Seguridad Social,
a la Hacienda Pública, a la tienda del pueblo que sí paga sus impuestos y, contribuye a la quiebra del tejido social.
Pero todavía peor, una persona que cobra
una pensión debería saber que, ese dinero, es el resultado de los ingresos del
Estado detraídos a las personas y empresa que sí cumplen con la ley. Que la falta
o disminución de los ingresos ocasiona la percepción de unas pensiones cada vez
más bajas.
Si no hay tienda en Encinacorba habrá que
bajar a Cariñena y una persona jubilada y de edad avanzada lo tiene complicado.
Por ello, precisamente, estas personas deberían ser las más juiciosas y
responsables. Sin embargo, y sin generalizar, no lo son.
El hecho de comprar en un pueblo, a
quién compramos y cómo compramos, produce un impacto de unas dimensiones no
entendibles en una ciudad donde su tejido social permite al consumidor alentar, el elegir y
el especular.
Debemos cuidar las tiendas de los pueblo
en beneficio propio y como un eslabón más de un tejido social frágil y delicado.
*