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domingo, 15 de marzo de 2015

Cuadernos03/2015. CONSIDERACIONES PREELECTORALES. ALMENDROS EN FLOR

EL ROMANTICISMO
(Algunas reflexiones de carácter político.)
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Apenas hemos traspasado el Idus de Marzo (15 de marzo) y el almendro, con su flor, nos anuncia la primavera. Antiguamente tal día comenzaba el año. Ahora esperamos al día 20 de marzo para que llegue la primavera astronómica (23h. 45m.). Los Idus representaban para los romanos días de buenos augurios. Sin embargo, debido a la  muerte de Cesar (15 de marzo del 44 a. C.) el concepto, hoy día, es ambivalente.
Precisamente la idea de ambivalencia es la que nos lleva a considerar el movimiento romántico, en su justa medida. La primavera será para algunos un tiempo “romántico”, sin embargo para otros lo será el otoño. La vida y la muerte, la flor del almendro o las tumbas y ruinas. Cómo entender este movimiento tan amplio y de tanta influencia en nuestra sociedad. Seguramente por su capacidad de desdoblarse interesadamente en beneficio de sus promotores. A Guastavo Adolfo Bécquer lo admiramos por su poesía romántica, sin embargo fue él, el primero en escribir y dibujar en España, junto a su hermano, un libelo pornográfico sobre la reina Isabel II titulado “Los Borbones en pelotas”. Y, seguramente, la historia no está muy orgullosa de esta segunda faceta del poeta y por ello ha tratado de ocultarla, siempre.
El romanticismo no puede entenderse sin el estudio del siglo XVIII. Al final de éste siglo tiene lugar su eclosión teórica con Goethe y su expresión práctica con la Revolución Francesa. Durante todo el siglo se ha ido creando una burguesía europea potente gracias a la colonización del resto del mundo. Todavía conservamos expresiones como: coloniales y ultramarinos. El creciente poder económico de la burguesía exigía el asalto al poder, todavía, en manos de una monarquía absoluta. El grito será el de LIBERTAD y el método (praxis) el REVOLUCIONARIO. Se pone en marcha la Revolución Francesa  y con ella un movimiento tremendamente violento (terror) que no cesará ya hasta nuestros días. Tras las revoluciones burguesas llegan las revoluciones “proletarias” y tras estas las revoluciones “populistas”. Se trata de hacerse con el poder y qué mejor método que el de la guillotina, la horca, el cuchillo o el pelotón de fusilamiento. El poder absoluto se divide en tres parte: legislativo, ejecutivo y judicial. División que nunca ha estado clara y en muchos casos se ha vuelto al poder absoluto de forma despiadada: Napoleón, Hitler, Estalin... y un largo etcétera.
De la aparición del movimiento romántico cabe señalar que, seguramente, era imposible detener su enunciación y su puesta en práctica. Pero hoy podemos constatar que ha dado las más tristes páginas de dolor al mundo. Su espíritu se funda en la primera frases que lo anuncian: sobre las cenizas de la vieja sociedad, nacerá una nueva era de libertad. Estas palabras las ha asumido desde Marat, pasando por Estalin y Maduro sin que nunca se hayan concretado esa anhelada libertad. Pero siempre, es una constante, los revolucionarios románticos han tratado de conseguir el poder a toda costa. Un poder que nunca ha sido para el pueblo.
Sin embargo el romanticismo es muy atractivo, esencialmente porque es trasgresor (medra con virulencia entre los adolescentes). En España, el ejemplo más patente en la literatura es nuestro don Juan Tenorio. A todos les parece de perlas las bravuconeadas de don Juan asaltando conventos o desafiando a la misma muerte. Un movimiento potente, este del romanticismo, que debería dejar paso a una época de más sosiego… más civilizada.
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martes, 10 de marzo de 2015

domingo, 8 de marzo de 2015

Cuadernos03/2015 EL CASTILLO DE ALBA DEL CAMPO

EL CASTILLO DE ALBA Y DOÑA LEONOR
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Nadie se atreve a adivinar el por qué del estado tan ruinoso en que se encuentran los restos de este castillo del Alto Jiloca. Sin embargo, un famoso historiador turolense, indagando en viejos legajos de los Archivos de la Corona de Aragón encontró, claves y pistas seguras, que nos aproximan hoy día a una plausible interpretación del desdichado final de tan nobles piedras.
Este gracioso historiador comenzó por estudiar los legajos pertenecientes al rey don Jaime I el Conquistador y, en ellos, no halló gran cosa. Siguió con la genealogía de los reyes de Aragón, hasta llegar a la época de Pedro IV el Ceremonioso. Le sorprendió en primer lugar el que, todos los asuntos relacionados con este castillo estuvieran firmados por su esposa, doña Leonor. Cosa singular  y rarísima en aquella época medieval. Escudriñó entonces, con más afán si cabe, tratando de averiguar la razón que llevó a dicha señora a preocuparse de un castillo tan lejano de la corte real.
La razón no tardó en aparecer pronto en forma de secreto, oculto en unos pergaminos escritos en letra inversa y que sólo podían descifrase mirándolos al trasluz de un vela y espolvoreándolos con una mezcla de incienso y mirra. En ellos, la reina se quejaba amargamente de las infidelidades de su marido el rey. En esta ocasión se trataba de una princesa mora cautiva de extraordinaria educación y belleza. La princesa, para congraciarse más con el rey y tenerlo sujeto a sus caprichos le había prometido abandonar la religión musulmana y abrazar ciegamente el cristianismo. Leonor intuyó, rápidamente, que en todo ello había engaño y quiso probar la veracidad de las palabras ante el rey.
Un día, en audiencia real y pública, que presidía el pequeño rey portando en su cabeza el yelmo del Dragón Alado, se presentó su esposa Leonor, acusando a la princesa mora de haberse convertido de forma falaz a la religión de Jesús. Temeroso el rey de que se descubrieran sus amoríos, pidió a su esposa un aprueba de cuanto decía. Os lo probaré, dijo la reina doña Leonor, si me dais plenos poderes en el asunto. Así lo hizo el rey.
Doña Leonor, trató de poner a la princesa mora lo más lejos posible de la corte y, entonces pensó, en el pequeño pero bien vigilado castillo de Alba o Alaba, como se le conocía en aquellos tiempos y aún en posteriores.
La reina mandó reparar los muros y construir un aljibe. La princesa no podría salir de allí en ninguna circunstancia. Puso guardias y mandó que se le proveyera de la comida necesaria. Luego se olvidó definitivamente de ella. No tenía ningún interés en comprobar si la conversión de la mora era verdadera o fingida. Doña Leonor con estas disposiciones dio el asunto por concluido.
La princesa mora, cuyo nombre no ha pasado a los anales de la historia por el sectarismo de doña Leonor, había abrazado, vehementemente,  la nueva doctrina cristiana gracias a la dirección espiritual de un monje cisterciense. Prisionera en el castillo de Alba,  entre el desazonador frío invernal del Alto Jiloca  y la angustiosa  y completa soledad, pidió a los guardias que le abrieran un agujero en el muro para ver a Cristo llagado cuando lo transportaban en procesión, durante la Semana Santa, por el calvario que habían construido junto a sus muros.
Cada año la princesa se asomaba al muro agujereado y los vecinos, al trasportar la imagen del redentor, podían comprobar el verdadero llanto de la mora al ver a Cristo crucificado.
Pasaron los años,  la princesa sucumbió al abandono, al frío y al desamor. Doña Leonor ni siquiera prestó la más mínima atención al suceso.
 Los vecinos del lugar no quisieron nunca tapar el orificio por el que comprobaron una verdadera, firme y real conversión a la verdadera fe.
Ahora, a principios del siglo XXI, cuando se piensa en restaurar el castillo, una señora del lugar decía esta tarde: NO, el agujero del muro que no lo tapen. Pues, la memoria de tan singulares sucesos permanece todavía viva entre los habitantes del Alto río Jiloca o Cella.

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sábado, 7 de marzo de 2015

Cuadernos03/2015. CONSIDERACIONES PREELECTORALES (II)

Un documento obsoleto
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DE LA GUERRA
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Remontarse a Roma para definir la historia de la humanidad y darle a ese documento la relevancia científica que se pretende es, tamaño disparate. Todavía hoy no podemos pronunciarnos totalmente sobre nuestro pasado y será preciso, más tiempo e investigación, para llegar a conclusiones plausibles con los principios científicos a los que queremos acogernos y abrazar, con rotundidad.
Entre 7.000 y 9.000 años aproximadamente, pero sin plantear que las cifras no puedan ser objeto de modificación en el futuro, se cifra la época en que aparece nuestra civilización. Entendida ésta como un grupo organizado de seres humanos en torno a un proyecto común. Es decir, en torno a una idea o mejor, una ideología que justifique su forma de producir bienes y de mantener determinadas estructuras sociales.
Se entienden que son cinco los lugares, básicamente valles aluviales, en los que se inicia la agricultura y la domesticación de animales. Estos lugares serían: EGIPTO, MESOPOTAMIA, GANGES, YANGTSÉ Y ALTIPLANOS DEL PERÚ (Machu-Picchu). La agricultura, es decir, aprender a plantar trigo en valles que se fertilizaban periódicamente ocasionaba cosechas abundantes y por lo tanto excedentes agrarios a los campesinos. Pero el clima no es todo regular que se podía desear y así tenemos la historia de José en la Biblia señalando periodos de sequía. Durante estos periodos en que el agricultor pasaba hambre y se producía el descontento, los reyes/faraones/emperadores plantearon la guerra como solución al problema. De esta forma se puede constatar (simplificando) dos actividades sobre la que pivotan todas las civilizaciones hasta nuestros días:
LOS EXCEDENTES AGRARIOS
LA GUERRA
Cuando estudiábamos la historia en el bachillerato, ésta, comprendía básicamente una relación continua de reyes y  guerras. Las guerras han sido las forjadoras de los imperios y una solución fácil en aquellos momentos de dificultad económica. Paradigma de todo ello fue el Imperio Romano que funcionó con dos principios básicos: 1) Si vis pacem, para bellum y 2) Todos los caminos conducen a Roma.
Para mantener la población de la ciudad de Roma, alrededor de un millón (1.000.000) de habitantes, en PAZ, era preciso que todos los años salieran las legiones a todas partes del imperio en busca de productos agrícolas y minerales: CEREALES, VINO, ACEITE Y HIERRO entre otros. En Teruel tenemos el ejemplo claro con dos instalaciones singulares: La Caridad en Caminreal y el acueducto romano Albarracín Cella.
Modernamente se ha relacionado el nivel del paro industrial (Hitler) y el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Los parados, los marginados, los desheredados… han nutrido los “banderines de enganche” para las guerras. Los gloriosos Almogávares, no eran otra cosa que desheredados que veían en la guerra y el saqueo una forma de salir momentáneamente de la miseria.
Hoy día, en las campañas electorales nacionales (no tanto en municipales y autonómicas) se hablará y se prometerá erradicar el paro. Intención que no negamos en casi ningún partido político. Solamente los partidos revolucionarios fueron contrarios al aborto y al pleno empleo. El socialismo histórico así funcionó. Cuantos más proletarios y más hambrientos hubiera, sería más plausible hacer la revolución. La reforma agraria en España no la hizo la Segunda República, pues entre sus prioridades estaba, en primer lugar hacer la revolución (luego ya se repartirían las tierras). Los anarquistas en Aragón, sí que hicieron la colectivización agraria… (Sin comentarios).
Vivimos ahora un periodo de Paz en España. Pero… participamos en guerras y vendemos armas. Las armas las fabrican los Estados o consienten su fabricación. Luego hay un comercio enorme de venta ilegal de armas. Todos los Estados del planeta tiene Secretos de Estado, estos secretos pivotan fundamentalmente sobre este tema. La Guerra es tan vieja como la civilización humana. Sin embargo hay partidos políticos que te venden de forma descarada LA PAZ. Por eso, antes de que venga la Paz (preciso erradicar la producción y venta de armas), es absolutamente necesario que los Estados se hagan transparentes. En esto, también, los hay unos más transparentes que otros. Recientemente se ha capturado un barco chino cargado de armas con destino a Cuba. Muchos hemos pensado siempre que Cuba vivía de la guerra, se exporta la revolución y con ella van las armas. De la misma manera ha habido episodios recientes de tráfico de armas con Venezuela.  ¿Podemos condenar políticamente a un régimen y luego venderle armas? Esta es una pregunta para la campaña electoral.
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LA GUERRA ES UN CHOLLO
Artículo publicado el día, 30 de enero del año 2011
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Llevamos unos días, en mi colegio, preparando el DÍA DE LA PAZ  y reflexionando sobre estos actos programados desde las instituciones. Recuerdo ahora, porque viene a cuento, una anécdota que dice así. Mi suegra, Celia Casanova Martín, nació en el año 1925 en Encinacorba. Siendo niña, entre los 5 y los 7 años, se estaba construyendo el ferrocarril Caminreal-Zaragoza con abundancia de obreros llegados de todas partes del País. Cuenta que, un día, subida a una mesa y rodeada de obreros estos le preguntaban alborozados y juerguistas. ¿Celia, tú qué eres? y ella, con la candidez de una niña, respondía… ¡Yo, monárquica! A continuación sonaban las risotadas de los obreros. Efectivamente, la clase trabajadora ya era republicana y el 14 de abril del año 31 se proclamaría la segunda república en España. Alfonso XIII, durante el primer cuarto del siglo XX, se estuvo lucrando, enormemente, participando en el negocio de los suministros a la guerra de Marruecos. Una guerra sin sentido en la que, además, las tropas eran de levas. El pueblo era consciente de que el monarca y un grupo de poderosos se enriquecía mientras sus hijos perdían la vida en África. De hecho, con esta guerra, nace el capitalismo en España. El rey estaba perdiendo la corona, pero los reyes, siempre piensan que son inamovibles. Franco aprendió bien la lección y, salvo en el caso de la División Azul, nunca participó en ninguna guerra internacional. También es verdad que Franco sufrió un asedio externo, promovido por el Reino Unido (la pérfida Albión) y Francia, que le impidió estar en los foros internacionales. Sea como fuere, una vez muerto Franco e incorporada de nuevo España a la “normalidad” internacional, se piensa en el negocio de la guerra que tan buenos réditos dio a Alfonso XIII y a la banca. El problema es, ahora, que no podemos mandar de nuevo a un ejército de levas a luchar y que cada vez que vuelvan los ataúdes, con soldados de reemplazo muertos, se monte un “dos de mayo”. La solución está bien clara… un ejercito profesional (de mercenarios) es lo ideal. No se atrevió a ello Felipe González que todavía estaba pensando en un ejército popular capaz, en un hipotético día, de hacer la revolución socialista. No dudó sin embargo Aznar, representante de los intereses del capitalismo español forjado a primeros de siglo con la guerra de Marruecos. Con todo lo andado resulta, ahora, que la situación actual es ideal para los negocios de la guerra: Ministra del Ejército, una mujer socialista muy bien valorada en las encuestas de opinión. Participamos en todos los conflictos internacionales. Vendemos armas a todo el mundo, la última noticia de ventas hablaba de la realizada a Marruecos por 27 millones, mientras estaba de por medio el conflicto Saharaui. Pero, este mismo gobierno que practica la guerra y la venta de armas, nos manda hacer una jornada al año por la Paz. Nosotros que somos buenos chicos, y obedientes, la hacemos. Pero la paloma sangra por los cuatro costados. La paloma tiene “EL BAYO”. La paloma se nos muere a chorro. Seguiremos mirando para otro lado pero, éste, no es camino hacia la Paz. La paloma lo sabe y, aunque no habla, su sombra es  la sangre de los inocentes muertos para que unos pocos se enriquezcan.
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jueves, 5 de marzo de 2015

Cuadernos03/2015 VIEJOS CUENTOS DEL JILOCA CONTADOS AL AMOR DE LA LUMBRE

YERMA
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Era el año 1902 y el primero en que el tren cruzaba regularmente aquel amplio valle. Antonio, sobre los asientos de madera del Chispa, abrió el atillo con la merienda que, para ese día,  le había preparado su mujer. La bota iba fuera y de ella sacaba fluidos chorros de líquido rojo que al chocar sobre el fondo de su gaznate, le refrescaba la boca y le estimulaba el apetito. Tras la pérdida de Cuba y la instalación de aquel fantástico ferrocarril montado por una compañía belga, las gentes del alto valle del Jiloca intuyeron que el futuro iba a ser prometedor. Estaba previsto que para el año 1910 se abriera la Azucarera de Santa Eulalia. Antonio ya trabajaba para la (CIA) Compañía de Industrias Agrícolas S.A. y todos los días tomaba el tren en Monreal y bajaba en Santa Eulalia. Antonio era natural y vecino de Ojos Negros, otro municipio en el que, en aquellos primeros años del siglo XX, había puesto sus ojos unos magnates vascos. Se trataba de don Ramón de la Sota y de su cuñado Aznar. Pensaban hacer un ferrocarril para bajar el mineral de hierro de las minas de Sierra Menera, hasta el puerto que estaban construyendo en Sagunto. El valle, de pronto, iba a tener dos ferrocarriles, uno sería conocido como el Central de Aragón y el otro el de la (CMSM) Compañía Minera de Sierra Menera (1907).
Antonio, de vuelta a casa a lomos de aquella potente máquina de vapor, observaba a los hombres del valle dedicarse a las tareas agrícolas con inusitado afán más allá, aún, de la caída del sol. Los atajos de ganado bajaban ya compactos por las barranqueras y ramblas para cerrarse en las majadas. Los labradores cargaban en el baste de las caballerías el arado, el yubo y el timón, ciñéndolos con buenas sogas de cáñamo. Otros combatían con cepos y humo los nidos de ratones que se comían los bulbos del azafrán. Todo el campo era un mar de cáñamo y todo tipo de cereales. La huerta verdegueaba de hierba verde, de forrajes, de pipirigallo, de remolachas y panizos. Río abajo, cada vez se hacían más abundantes los manzanos, perales, azarollos y  cerezos. Las viñas ocupaban buena parte de las tierras marginales dando un inusitado verdor a las lomas que arrancando del valle se elevaban hacia Peña palomera y San Ginés.
Antonio y Julián habían sido amigos desde niños. Juntos habían ido a la escuela y juntos habían hecho infinidad de “males” por majadas, huertos, teñadas, graneros y falsas. No había espacio que no conocieran como la palma de su mano. A las zagalas del pueblo también las conocían, aunque, iban a la escuela separados y tampoco jugaban juntos. La separación por sexos era la norma de aquellos tiempos y las distintas labores y temas de aprendizaje lo eran igualmente. Las chicas dedicaban más tiempo en la escuela a la costura y al rezo del catecismo que los chicos. Estos, a su vez, deberían aprender la lectura, la escritura y las "cuatro reglas" en apenas cuatro años de escolarización. Pronto sus padres los ponían a trabajar, bien como pastores con una punta de ganado, bien en las faenas del campo.
De la misma manera, sus padres les buscaban acomodo, esto es, una chica con la que casarse y formar una familia. En el acuerdo matrimonial estaba incluida la dote y con ella la viabilidad del matrimonio, dotando a la pareja de casa, campos de labor y algún ganado. A Antonio lo casaron con María, una joven de su misma edad y a la que conocía desde niña. A Julián no lo casaron sus padres pues,  de momento, no encontraban forma de dotarlo con algún tipo de bien material que cumpliera a los padres de las posibles pretendientas. No por ello Antonio y Julián dejaron de ser amigos y confidentes.
Antonio, de pelo rojo y ojos azules, era un mozo fornido y trabajador. A menudo se confiaba a su amigo y le decía: “Mi mujer, María, me quiere de verdad”. Ciertamente que ella le preparaba con todo cuidado el saquillo de la merienda y procuraba tener la casa limpia y aseada.  Pero aquel amor todavía no había logrado traer un hijo aunque, ciertamente, estaban en ello. Viendo Julián un punto de ceguera en los amores de Antonio hacia María, le inquiría cada vez que su amigo le hacia la misma confesión: “¿Estás seguro, Antonio?
Pasaron los días sin que los hijos llegaran al matrimonio. Antonio cada vez confesaba a sus amigos, con más vehemencia, el secreto que antes sólo confesara a Julián. Ya era la comidilla en todo Ojos Negros, los ciegos amores de Antonio para con su mujer. Ella, en más de un a ocasión le había confesado que le sería fiel hasta más allá de la muerte.
Pensó Julián en la forma de abrirle los ojos a su amigo, sobre la verdadera naturaleza de su mujer. Para ello, habló con los amigos en una de las bodegas a las que cada noche acudían a beber y a cantar. Debemos abrirle los ojos a Antonio, su ceguera es tan grande que no es justo que viva engañado siempre. Antonio en principio se resistió a tal prueba pero, finalmente, cedió ante la vehemencia de sus amigos.
Un día llegaron noticias a Ojos Negros de un accidente ocurrido en la construcción de la fábrica de azúcar de Santa Eulalia. El fallecido era Antonio que había quedado muerto y desfigurado como consecuencia de haberle caído una gran piedra sobre su cuerpo. Deformado e irreconocible, lo metieron en un ataúd y lo subieron para hacerle el  velatorio a su pueblo natal.
Esa noche colocaron en el patio de la casa el ataúd sobre las parihuelas, los candelabros, y el sudario sobre el difunto. Ocultaron de forma intencionada la posibilidad de ver el rostro, siquiera deformado de Antonio. En el velatorio, al que acudían multitud de vecinos, debían de ser agasajados convenientemente. Por tal circunstancia María no paró en toda la noche de atender a las visitas ofreciéndoles de cuanto tenía en las despensas, en el corral y en los graneros. Julián estaba atento y solícito a cuanto le pedía María. Ya bien entrada la noche, cuando quedaron con el cadáver los más íntimos, María se confesó a Julián. Mi marido Antonio, que en paz descanse, me pidió que en caso de muerte te casaras conmigo.  Ante la confesión de tal impostura hizo su aparición Antonio, el marido, que estaba vivo y bien vivo, pero ahora completamente muerta la estima y roto todo el respeto hacia la que era su mujer.

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Cuadernos03/2015 LA CINCOMARZADA (FIESTA LOCAL DE LA CIUDAD DE ZARAGOZA)

LA CINCOMARZADA EN ZARAGOZA
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“¡Cabañero, que se te ha enfriao el chocolate!”
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El siglo XIX es el de la formación y consolidación de los Estados modernos. En España, como no podía ser de otra forma, el proceso fue traumático. Los problemas se amontonaron en forma de cascada continua. Además de las guerras de independencia que dieron lugar a los países americanos que hoy conocemos, en el interior peninsular tuvieron lugar tres guerras civiles conocidas como Guerras Carlistas.  La más virulenta fue la primera desarrollada entre los años 1833-40. En el contesto de esta primera guerra tiene lugar el asalto a la ciudad de Zaragoza (5 de marzo de 1838) que hoy se conmemora con una fiesta civil y recreativa, lejos ya de añoranzas y viejas glorias guerreras. Las Guerras Carlistas fueron contrarrevolucionarias y extendidas principalmente en el mundo rural. Ni Zaragoza ni siquiera Teruel cayeron nunca en poder de los contrarrevolucionarios y en verdad que lo intentaron con todas sus fuerzas. Teruel, tras Cádiz, y según opinión particular, fue una de las ciudades más liberales de España.
A la altura de principios de siglo XXI, nuestra historia más próxima no tiene la nitidez de los países europeos del norte. No se produjo la formación neta y clara de una burguesía industrial. No penetró el protestantismo y el peso de la Iglesia católica fue abrumador hasta las desamortizaciones y también en el franquismo. El movimiento obrero, en una España eminentemente campesina, no se desarrolla con claridad. Sólo en Barcelona (que no en Cataluña) medra el movimiento obrero. La primera Huelga ¿General? se produce en Barcelona en 1855 y es para evitar la tecnificación del sector textil. Hoy día, si exceptuamos los desfasados movimientos segregacionistas de algunas regiones y soltado, también, el lastre de la viejas colonias, España no debería tener más problemas que el de la creación de un futuro económico fundado en la investigación, la industria y los servicios. La educación y la sanidad universal, puede ser que necesiten mejoras, pero el camino ya se abrió hace mucho tiempo. 
También, es cierto, puede tenerse la tentación de tomar el camino hacia las dictaduras populistas consecuencia de la marginación que produce en amplios sectores sociales las nuevas tecnologías. Sin embargo, una nación como la española, tan vieja y tan sabia; una nación que llegó a ser el primer imperio mundial, no puede caer en tamaña y simplista solución.
Hoy, día 5 de marzo, en paz y libertad, le cabe al ciudadano y a nuestros políticos en particular, ya alejados de guerras, la tarea de luchar por la integración de todos los individuos de la nación española en una sociedad que sea capaz (al menos) de cubrir las necesidades básicas de sus habitantes.
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