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domingo, 28 de septiembre de 2014

Cuadernos09/2014. ESPERANDO A NOAM CHOMSKY EN EL JILOCA

ESPERANDO A CHOMSKY
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Soy natural de un pueblo de esos que molestan al hacer un mapa, no sabes donde ponerlo porque queda en una esquina. Por ello ha pertenecido administrativamente a varias cabeceras: Albarracín, Calamocha y Teruel. Las aguas de este pueblo no abocan a ninguna cuenca pues tiene una laguna (endorreica) donde se guardaban desde hace milenios. Ya existía esta población para la Edad de Hierro, pero sin que dicha Edad lo supiera. Tal es así que, en previsión de posibles conflictos posteriores al nacimiento de Chomsky, lo nativos decidieron enterrar un vaso en forma de campana (campaniforme) que al encontrarlo los del Museo de Teruel dijeron: ¡Anda, un vaso campaniforme! Bueno pues, yo nací en este lugar innombrable e inclasificable sin saber a que comarca pertenecía el pueblo ni yo. Pero llegó el siglo XX y nombraron a Isidoro Esteban Presidente de la Diputación Provincial de Teruel. Al visitar el lugar les inquirió, Isidoro, con tono solemne… ¿Qué queréis los de Almohaja? Y el eco de tan rotunda pregunta llegó hasta San Ginés difuminándose en.... Aja…aja…aja…aja. Sin dudarlo un instante contestaron, señor: desde el siglo XIX llevamos pidiendo que se deseque la laguna pues no sabemos a que comarca natural pertenecemos, ya que nunca hemos visto el discurrir de su caudal fuera de sus bordes. Hágase, pues, dijo Isidoro con la solemnidad de un Moisés. Entonces supimos que las aguas de Almohaja van al Jiloca pero, para complicar aún más las cosas, José Ángel Biel se empeñó en que el pueblo debería estar adscrito a la comarca de Teruel. Nací pues, en Almohaja, y al año de vida me bajé a la estación Minera de Cella. Allá, para los dos años, empecé a hablar y a los tres ya le pude preguntar a mi padre si existía Dios. Me miró muy reflexivamente y me dijo, cuando leas a Chomsky lo sabrás… Estas palabras llenas de misterio me han traído siempre preocupado. Así que, desde niño, empecé a buscar libros de Chomsky, pero como estábamos en el franquismo no pude leer ninguno. Tuvo que ser, por fin, la bibliotecaria de Aliaga quien me proporcionara el primer artículo de Noam el día en que Tejero daba su golpe de Estado. Pero esto es adelantar mucho los acontecimientos.
En las extensas llanuras de Cella junto a la estación de la CMSM,  cegado por el polvo del mineral de hierro de Ojos Negros que esparcían los convoyes del Señor, Don Ramón de la Sota, empecé a conocer el valle y su complicada hidrografía (jilos, lagunas, pozos artesianos...). La primera planta que descubrí fue el cáñamo y quedé sorprendido de como en una tierra tan seca crecía una planta tan frondosa y alta. Del cáñamo y su producción yo, como niño que era, pasaba por completo. Mas avezado estaba cuando mi madre hacía para San Antón tortas de cañamones. Eran aceitosas, de olor a hornos caliente, rociadas de azúcar y de las semillas del cáñamo espolvoreadas por toda su superficie. Luego conocí la remolacha azucarera que también se cultivaba en secano. Esta remolacha se hervía y con el caldo dulce tras la cocción se hacía un sucedáneo de café con cebada tostada. También era común la remolacha forrajera, de mayor tamaño por cultivarse en huerta, y dedicada casi exclusivamente a alimento para los animales. A partir de ahí, la diosa Ceres, me fue mostrando todo cuanto en este amplio valle cultiva el hombre desde los más remotos tiempos.
Pasé, luego, varios años de mi vida buscando a Chomsky en la capital de la provincia. No había forma de encontrarlo. Pese a mi insistencia y a mi amistad con el director de la Biblioteca Pública de Teruel, un tal Carlos Luis de la Vega y Luque, todas las pesquisas resultaron fallidas. Así pues, pensaba en si mi padre no habría tratado de confundirme, o quizá se había equivocado al pronunciar un nombre tan singular para nuestra cultura (Noam Chomsky).
Volví, pasados los años, al Jiloca con una fe en Dios cada vez más endeble y un ansia que se hacía, día a día,  más feroz por encontrar a Noam. En vano fueron las excursiones con Zapatones hasta la Matilla o subir a Peracense. Nada podía distraer mi atención focalizada, como un obseso, en este misterioso personaje que se me representaba como un nuevo Mesías y en cuyo conocimiento tenía puestas todas mis esperanzas. Durante mi estancia en Villafranca del Campo conocí la publicación de la revista Xiloca. Trate de contactar con este grupo de intelectuales por si ellos podían echar agua fría al hierro candente de mi frustración chomskyana.
En Villafranca me dijeron que el río, tras su renazedura en los Ojos, se hacía más y más fértil. Viaje pues allende Monreal buscando nuevos frutos. Para entonces la remolacha estaba en proceso de extinción y se anunciaba el cierre de la fábrica azucarera de Santa Eulalia. El golpe dado a la producción de esta raíz fue fatídico para el resto de cultivos sociales asociados. El azafrán empezó a decaer pues la mano de obra emigró y se puso en venta colorantes artificiales más del gusto de una sociedad que se hacia cada día más urbana y refinada. Se inició el monocultivo del cereal y de forrajes, en la vega, para el ganado.
Fui llegando hasta el límite provincial siguiendo el cauce del río y, por fin, di con San Martín del Río. Para entonces ya vivía en el lugar el actual párroco, el mismo que ahora no me recordaba. Por aquí, el río, ya es el río de la fruta. En los secanos almendros, cerezos, melocotoneros, cereal… En la vega la famosa manzana Reineta, esa que gustaba tanto a la reina Isabel II de España. Pero junto a las manzanas, las peras y los higos, el cultivo de la vid dio lugar a una alcoholera y más tardíamente a una cooperativa. Paseando por el pueblo verá, el viajero, restos de tiempos de mayor esplendor en escudos y casas señoriales. Un patrimonio religioso importante o muy importante que debe ser protegido a toda costa.
La cosa era previsible conforme la economía se fue internacionalizando.  ¿Quién les iba a decir a los de San Martín que en la puerta de su casa se vendería uva de Chile? Su Cribatinaja ya no tiene salida y su vino no puede competir con las grandes zonas vitivinícolas, así que, los agricultores, han vendido sus “derechos sobre la vid” y con ello la situación es irreversible. Apenas queda el recuerdo de las cerezas de San Martín, tan sabrosas y de su afrutado vino…
Poco apoco fui comprendiendo el declive de extensas áreas geográficas de nuestra provincia, la formación de monopolios comerciales y la desertización de nuestro territorio. Así como el agricultor ha tenido que pasarse al sector turístico y servir de espectáculo jotero, Chomsky (ese judío rebelde como antaño lo fuera Jesús) ha dejado la filología y, ahora, es un destacado líder ANTICAPITALISTA. Pero a mi, personalmente, lo que más me ha "cuajado" es la frase pronunciada por un hombre del campo (un jilocano) que al meditar sobre esta tierra y su incierto futuro exclamo: "¡¡TIENE QUE HABER UN DIOOOS!!" Y fue una exclamación, mezcla, de plegaria y blasfemia.
La tarde empezó a caer sobre San Martín del Río con su caserío recostado sobre la hermosa y fértil vega. Yo seguía dormido/durmiendo con terribles pesadillas, debajo de la sombra de una higuera. Esther me despertó resolutiva: ¡"Vámonos ya para Teruel, que se hace tarde"!

Si, buana, dije yo por lo bajinis….
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sábado, 27 de septiembre de 2014

Cuadernos09/2014. ARREGLANDO LAS GOTERAS

Encinacorba te ofrece casi toda la tipología de vivienda que se pueda desear. Ahora, hay varios carteles en los que se indica "casa en venta". Pero la gran frustración fue ver que ningún trabajador de Yudigar quería venir a vivir a Encinacorba. Ahí ha quedado aparcada, sine díe, la urbanización de la Rotonda. Mientras, se va parcheando la casa para evitar que se hunda, como en este caso de la fotografía superior. Los dueños no van a venir a habitarla, pero el grado de deterioro es tan grande que es preciso echarle un tajado para que no se venga toda a pique.
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viernes, 26 de septiembre de 2014

Cuadernos09/2014. CUIDADO CON EL GATO..........

La siguiente imagen pueden herir la sensibilidad de nuestros lectores y también producir nauseas.  Son continuación de las que publicábamos días atrás. Y corroboran nuestras críticas. ¿Infundadas? 
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Pinchad aquí:
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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Cuadernos09/2014. SOBRE "LA LENGUA CHURRA"

Tenemos los aragoneses una lengua que compartimos con los valencianos (LA LENGUA CHURRA), se trata de la forma de expresarse en un área geográfica del interior de la región valenciana, lindante con la provincia de Teruel/Tergüel/Tregüel, de la que incluye varias comarcas. Para conocer mejor el tema, lo mejor es pinchar en la siguiente dirección:

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Definición de la lengua
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Mapa de la región Churra.
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martes, 23 de septiembre de 2014

Cuadernos09/2014. LA CALLE DE LAGASCA EN ENCINACORBA

No son huertos, no. Son solares en la calle Lagasca de la villa de Encinacorba. Esta calle, tan principal, ofrece algunos aspectos de lo que un Ayuntamiento debería tratar de evitar. Si la villa en el aspecto de la naturaleza ofrece paisajes agradables a la vista, no lo hace de la misma manera con el paisaje urbano. Puertas desvencijadas que dan a locales abandonados durante mucho tiempo, o solares que no están debidamente vallados y cuya maleza crece y se extiende mas allá de lo razonable. Por ello, hay una clara necesidad de establecer los debidos reglamentos, tanto en estos temas, como en el de bajantes y canaleras. "El dejar hacer" a su antojo a cada uno de los propietarios, no se si será muy popular, lo cierto es que el aspecto que termina tomando una población hace que la gente se resista a acudir a ella y por lo tanto va en su detrimento.
Mucha es la gente que ve estas imágenes pero ha terminado por desistir y acaba por hacer el viaje más práctico, que es: DE ZARAGOZA A LA PEÑA Y DE LA PEÑA A ZARAGOZA.
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Calle Lagasca.
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Calle Lagasca.
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Calle Lagasca.
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Vista general de la villa de Encinacorba.
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Cuadernos09/2014. EL OTOÑO DEL BOSQUE OSCURO

EQUINOCCIO DE OTOÑO
El otoño entra este año, 2014, el día 23 de septiembre a las 04 horas y 29 minutos.
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EL BOSQUE OSCURO
Dejó de creer en Dios y en el hombre. Le decepcionaba la omnipotencia de uno y la constante  torpeza del otro. Estaba convencido de que los humanos anidaban desde siempre en este nicho de  miseria infinita por culpa de su empecinada pulsión a repetir errores y conductas arcaicas y obsoletas… pero, sobre todo, por desconfiar de la ciencia y fiar al destino la solución de sus problemas. Ellos habían acabado con casi todas las especies que un día dieron equilibrio a una naturaleza prodigiosa. Por ello aquella primera mañana de otoño salió de su casa, dispuesto a sentir con los primeros rayos de sol el pálpito, bajo sus pies, de una naturaleza que en pequeños espacios aún permanecía virgen. Tomó el camino que atraviesa la frondosa vega y se envolvió en el aroma del pipirigallo y el panizo. Recorrió los márgenes secos donde medraba el espliego, la gabarda, la zarza y la ginestra. Atravesó los campos de rastrojeras que junto a las vides verdes y frescas absorbían la luz de los rayos matutinos. Avanzó hasta los aspros pinares donde habita el corzo y el ciervo. Desde la colina sus ojos reposaron sobre enormes encinares vírgenes. Bebió agua de las fuentes y se alojó en cuevas y parideras durante las noches. A veces sentía el aullido de los lobos sin que ello le causara temor. Poco a poco su piel se fue endureciendo, haciéndose costra y escudo contra el dolor y el frío. Sus ojos se alargaron como la espiga y como el pez en un rostro reconvertido en dos mandíbulas prominentes que se adelantaban más allá de sus manos, ahora garras que aprisionaban los guijarros del campo con extraordinaria naturalidad y soltura. Su marcha se había vuelto ondulante como la de un cauce de alta montaña y le había crecido una cola larga y fina que le ayudaba en aquel movimiento ágil y sibilino. Sorteaba los riscos, se colaba por las rendrijas y trepaba por las paredes verticales de los desfiladeros con absoluta maña. Había alcanzado la potestad del reptil, pero todavía conservaba el instinto predador del hombre. Con su lengua bífida cazaba todo tipo de insectos y aunque su sabor, al principio le fuera desagradable, poco a poco se fue acostumbrando.
Culminada la metamorfosis subió al pico más alto, a la más alta atalaya de la cordillera, desde la que se divisaban lomas pobladas de pino y carrasca y planicies moteadas de vides y cereal. Desde allí, desde lo alto, quiso emitir desde su garganta el grito de rebeldía que había ido cultivando y atesorando durante años y años de  superdepredador. Quiso devolver la ira contenida, saldar las cuentas, manifestar el reproche a la acción destructora del hombre. Mas de su garganta apenas salió un leve silbido estrujado entre sus mandíbulas y su lengua bífida.
Giró entonces su cuerpo en dirección a poniente, apartó la mirada de aquel paisaje que tan cotidiano le era y con un movimiento firme y seguro inició el camino que le llevaría a perderse en el bosque oscuro del que no saldría jamás.
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Detalle de una mora.
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