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miércoles, 16 de mayo de 2012

Cuadernos05/2012. Paisajes de primavera

La primavera va creciendo y casi sin enterarnos llegan los calores veraniegos. Pasamos, en pocos tiempo, casi del invierno al calor sofocante. El sol sube sobre el horizonte y las tardes se hacen más largas. Las tareas del campo cada día son más agotadoras. Las viñas están cogiendo su verdor natural y dejan de mostrarnos su esquelética cepa invernal. Con todo, es necesaria la lluvia que traiga vino y haga granar a los cereales. En el huerto los frutales engordan el fruto y las brevas ya muestran una dimensión razonable. Como un bizcocho en el horno, crecen las patatas, las lechugas, las tomateras, los guisantes y habares y en general todo el plantío. El hortelano vigila a diario el huerto y quita hierbas aquí o riega allá, de forma que siempre hay una tarea que hacer. Llega Santa Quiteria para el 22 de mayo y hay que hacer el queso. Tendrá que ser de leche de oveja pues ya no quedan cabras. Con todo, un paseo hasta la ermita de la Santa resulta reconfortante. El Frasno baja esta primavera escuálido, pero la fuente ha mejorado mucho y saca dos caños potente y aún apunta un tercero. Vaguea el perro de la Teresa, entre sombra y sombra, saludando curioso al paseante. Los gatos apenas dejan los callejones temerosos y medran lustrosos debajo de lilero (liloilera). Ya ha abierto el Casino y entramos a refrescarnos un momento. La soledad de la Sala Grande amenaza el ruido de la cucharilla girando dentro de la taza de café. Alguien sube a por tabaco y saluda a la casinera, es la rutina diaria, con apenas un monosílabo. Torna el silencio denso y relajante a la estancia. Un rayo de sol potente penetra por la ventana del balcón y golpea la lista de los socios colgada en el corcho del pilar. Es un toque de advertencia desde lo más alto: hazte socio, por el bien de todos. Fuera, el manto florido de la primavera cultiva de nuevo nuestros sentidos.
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