UNA ESTRELLA DE
CINCO PUNTAS
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Nada más morir
Franco, en el año 1975, comenzó un debate previo a la firma de la Constitución
Española en el que se plantearon crear autonomías de primera y de segunda. Al
final hubo el mismo modelo para todos. Sin embargo, aquel cierre en falso se ha
vuelto a abrir de nuevo con una propuesta ya no federal, ahora, hablamos de
confederal. En ese debate estamos. Pero ahora, adelantándonos a la Ley.
Cataluña en la práctica funciona ya como un estado confederado con España. A
poco observador que uno sea se da cuenta que Cataluña acude al Tribunal
Constitucional cuando le interesa y lo desoye, también, cuando le interesa.
Este es el modelo que ya funciona, un modelo confederal. A Cataluña no le
interesa separarse de España, siquiera sea por el mercado, un jugoso mercado de
consumidores que es, en esencia, lo que constituye para ella el resto de la
península.
Cuando se dice
independencia, nos alarmamos. Pensamos en fronteras y cosas raras. Nada de eso.
Se trata de volver a la situación previa (no exacta en todos los términos) a
Felipe V, cuando España ya era un modelo confederal, aunque no se le diera tal
nombre.
Este joven
catalán que camina por la plaza del Torico no sabe muy bien (por su edad) que
quiere decir eso de IN-DE-PEN-DEN-CIA. A él, los políticos catalanes le han
vendido una mochila y la lleva con total desparpajo. Si la independencia fuera
o se planteara tal como se describe en el diccionario, nadie la pediría ni la
promocionaría. Pero así, sí. La independencia, la imagen lo deja bien claro, es
como una mochila a las costillas del Estado.
De ahora en
adelante se ha desatado otra vez la batalla, todas las comunidades españolas
queremos ser Estado. Y así... hasta el infinito. Ya hay un partido aragonés que
se llama: ESTADO ARAGONÉS. No, no es el que fundaran Calvo Alfaro y Gaspar
Torrente, este es de nueva factura y de ideario trosquista.
Resumen, cuando
de nuevo se dé CAFÉ PARA TODOS se rebajara (paradójicamente) la tensión. El
asunto es muy sencillo, se trata de ponerle una estrellita roja de cinco puntas
a la bandera de Aragón y acogernos al Estado en todo aquello que nos interese
(ven que fácil). Por el contrario, rechazar del Estado central lo que nos
disguste.
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