EL DÍA DE LA MATANZA
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Abuelo, pero mi amigo sí que sabe
cosas de éstas, no se vaya a creer.
De verdad. Mire usted, una vez vi en la
tele la matanza del cerdo en un pueblo
de Catalunya. Para que vea.
Hijo, a los cerdos en Valdegeña se
les llama cochinos si son blancos, y guarros si son negros, rara vez puercos y
casi nunca marranos.
Todas las familias compran uno o dos
pequeños. Durante el año lo engordan bien con desperdicios de comidas y patatas
y berzas cocidas y más cosas. Cuando va a empezar el invierno ya son grandes y
los matan. Y hacen chorizos y tocino y jamones y morcillas…
A matar los cochinos le llaman hacer
la matanza. Veréis cómo se hacía.
Unos días antes iba el hombre y
cortaba en el monte unas matas que se llamaban aliagas y las traía a casa. La
mujer compraba en Soria canela, anís, pimentón, nuez moscada, pimienta… Un día
antes ya no se le echaba de comer al cochino.
El día de la matanza por la mañana se
juntaban muchos hombres y mujeres de la misma familia. Los hombres ponían al
cochino en una como mesa de madera muy gorda y allí lo agarraban fuerte entre
todos y lo mataban clavándole un cuchillo en la garganta hasta que echaba toda
la sangre. El cochino chillaba mucho, y luego menos, y luego menos, hasta que
se moría.
Entonces le pasaban por el cuerpo las
aliagas que trajo el hombre del monte, ardiendo, para quemarle los pelos. Y con
una piedra áspera y agua caliente le iban arrancando la piel. Y lo limpiaban
por dentro. Y lo partían en trozos. Y a los trozos les echaban sal para que se
conservaran. Y los guardaban en unos cajones grandes de madera. Otros trozos
los picaban y hacían chorizos con ellos.
La sangre del cochino, la recogían en
unos cacharros y le echaban migas de pan y arroz y pasas y piñones; y con todo
junto hacían las morcillas. Para que estuvieran buenas las morcillas había que cocerlas en unas
calderas grandes de zinc en la lumbre. El caldo que salía de cocerlas era muy
bueno. Y era costumbre que cada casa repartiera el caldo de las morcillas en
unos pucheros de barro a sus familiares y amigos.
El día de la matanza era día de
fiesta. Se juntaban todos los familiares a comer juntos. Y mientras los hombres
arreglaban el cochino y las mujeres hacían chorizos y morcillas, los chicos
jugaban por toda la casa. Y después de comer el abuelo les ponía un din-don -que es un columpio- con una cuerda y una
almohada para sentarse.
Y yo no iba a la escuela ese día.(Avelino
Hernández)
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