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martes, 13 de enero de 2015

Cuadernos01/2015. DE LA ELECCIÓN DE PRIOR EN LA COFRADÍA DE SAN ANTONIO ABAD DE ENCINACORBA

"Ordenaciones de la Cofradía de Nuestra Señora del Mar y de San Antonio Abad, fundada en la iglesia parroquial de la villa de Encinacorba."
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ELECCIÓN DEL PRIOR
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Cuadernos01/2015. TERMINACIÓN DEL CAMINO DE LAS ACEQUIAS Y RENOVACIÓN DE LA RED DE ABASTECIMIENTO.PRESUPUESTO: 30.000 EUROS.

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Cuadernos01/2015. ATRIO DE LA IGLESIA DE ANENTO (XILOCA/JILOCA)

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Cuadernos01/2015. ENCINACORBA, UN DOMINGO POR LA TARDE

LA SOLEDAD Y EL SILENCIO DE SOR CAMPANA
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(La hermana Belén eligió con acierto, Encinacorba, para vivir su vida de anacoreta. Avilio, sin embargo, no habla con los vecinos por no romper el fino cristal, morfuga de silencio, que los envuelve. )
¡Bieeeen…! Fin de semana en el pueblo. Llegan el sábado a comer y sin embargo, el domingo sobre las once de la mañana ya están todos en danza: ¡Tenemos que llegar a Zaragoza antes de comer…! No acaban de llegar y ya se marchan. La tarde del domingo ya es desoladora y la calle Mayor queda, tras el éxodo matinal, vacía. Apenas ha sido un espejismo. No entendemos esa feroz atracción que ejerce Zaragoza y las prisas por volver cuando, el trayecto, se hace apenas en media hora. Tras el último vehículo, la mayor parte de los residentes en el lugar, echan la llave de la puerta y bajan las persianas. Un silencio frío recorre las calles junto a los perros de Angelines, que ni siquiera se atreven a ladrar. En el Casino, tres parroquianos descansan sus seis ojos sobre los vasos de vino hasta la hora de cenar. El casinero espera a que se cumpla la hora, ya sin clientes, para marchase a Cariñena. Apagado el cartel luminoso del local, la villa parece más pueblo todavía, más soledad, más silencio. Sólo se siente la ronca maquinaria del secadero y, de vez en cuando, el toque de las campanas del reloj de la iglesia dando unas horas, que nadie quiere oír.
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lunes, 12 de enero de 2015

Cuadernos01/2015. LA COOPERATIVA DE SAN ESTEBAN Y EL CASINO AGRÍCOLA DE ENCINACORBA

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COOPERATIVA DE SAN ESTEBAN Y CASINO AGRÍCOLA
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"En 1955 triunfó el asociacionismo, a raíz de una campaña lanzada por la Unión
Nacional de Cooperativas.
Por último, la Cooperativa de San Esteban de Encinacorba se constituyó con 80
socios que aportaron 20 pta. cada uno. Al principio se construyó una nave de 600.000 l.
y en 1961 se realizó la primera ampliación. Al final de los sesenta la capacidad total era
de 1.700.000 l. y el número de socios 222, que representaban el 96% de los propietarios
de viñas del municipio. En la década siguiente las modificaciones fueron mínimas."
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Julián Auré Ruiz, tal como indica el título arriba expuesto, tenía el mismo número de socio del Casino que de la Cooperativa, exactamente, el número 6 (seis). Para mayor abundamiento en la materia y en la estrecha unión que hace nacer a ambas entidades, el pliego de papel en el que se plasma el título de socio tiene sobrescrito en  la cabecera del mismo la palabra, CASINO, sobre la original, COOPERATIVA. No es extrañar esto pues, el franquismo, tenía un componente paternal y tutorial a la hora de establecer los sistemas de producción (Cooperativas), consumo (Economatos) y recreo del trabajador (Educación y Descanso). Fue pues, Jualián Auré Ruiz, socio fundador tanto de la Cooperativa como del Casino. Se frma el documento el 1º de mayo de 1956, DÍA DEL TRABAJO.
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Cuadernos01/2015. PAISAJES DE ENCINACORBA TRAS LA CRUZ DEL PEIRÓN DE SAN ANTÓN

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Cuadernos01/2015. ATARDECER DE ENERO EN EL CASINO

NO PARECE ENERO
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Las viñas han terminado por soltar sus hojas amarillas y los yermos son, de madrugada, sábanas plateadas tendidas sobre el campo. Las labores cotidianas,  poda y arada, van transformando el campo en un paisaje recién salido de un gabinete de estética. Luce la viña, en pulcritud, sus elaboradas labores invernales. Profundiza el pinar su basto amargor de pino repoblado en cuyo suelo mantilloso, hasta hace nada, se han cogido setas y robellones. Atraviesa el paisaje, desde Carralamata hasta la Tejera, el silbido suave y lento de un tren que tiene como principal misión poner movimiento en un paisaje incierto, aterido en invierno y vergélico en verano.
 No sabe dónde se encuentran sus campos. Ochenta tacos, como ochenta toneladas de cemento fijan sus pies al suelo y hacen su caminar lento e inseguro. Toma la dirección del Casino, sólo hay una, calle Mayor adelante. Cuenta con certidumbre las casas ocupadas y aquellas cuyos dueños habitaron paisajes de vides centenarias. Aquí vive fulano y aquí mengano... en esta otra, que se cae a pedazos y esta otra que ya amenaza ruina, vivieron hace tiempo los más fríos inviernos, gente que ahora habita el páramo del sueño y del olvido. El dulce calorcillo de la tarde de invierno anima su esperanza y atina a sentenciar: Estos calores, no son propios de enero.
El sol del mediodía de este encendido invierno cae oblicuo y cansino sobre la mesa. Alrededor, las sillas desparramadas asisten cotidianas al rito del café. El casinero sonríe y asiente con su ojo hematomizado en flor roja. Sobre la mesa planta, un café y una copa. Ni las gracias por el servicio. Es lo normal y lo normal no las merece. Arrima la silla a la mesa acoplando sus cuartos al asiento duro pero cómodo y se dispone a abrir el sobre con el azúcar. En una esquina, la televisión nutre al escaso auditorio con programas de entretenimiento. Los rezagados todavía no han comido y los de la “hora vieja” ya cafetean a las 13:30 horas. Es la “hora de Franco”, la que se ha seguido con estoica certidumbre desde que en 1942 se modificara el meridiano por simpatía con el régimen nazi. Vuelve ahora el casinero con una leche sola. El contertulio tiene varios achaques y enredosos padecimientos. Toda una vida trabajando y… ¿para qué? No hay partida porque la mayoría no tiene la cabecica ya para llevar las cuentas de las cartas. Dos, leen el periódico ajenos al mundo que les rodea y, un tercero, espera turno. Los cuerpos ya leñosos y doblegados por el trabajo permanecen inmóviles. Sin descubrirse, aunque eso sí lo aprendieron de niños en la escuela. Armados con su  gayata en la mano a modo de puntero, optan por dirigir el micromundo en el que viven con apenas un gesto y evitando al máximo el mayor gasto energético posible. Corrupción, comenta alguien con solapada sonrisa al repetir las palabras sentidas en el televisor. Asentimiento general… ¡Ya les daría yo a esos sinvergüenzas! El tiempo va pasando con una cadencia misteriosa que hace que las escasas voces se vayan apagando. Crece el sonido de la tele en un espacio en el que ya sólo quedan ellos, enseñoreándose del lugar. Forma el edificio una sonora caja de resonancia, durante largos periodos, apagada, aunque de vez en cuando un estridente chirrido de puertas avisa de la llegada de un nuevo socio. Sólo los fines de semana el revuelo de los “forasteros” tomando el vermut altera la gloriosa paz de la estancia. El sábado y el domingo es el caos. El grupo se disuelve y se dispersa si acaso las mesas son copadas por los que desde la capital optaron por hacer una vista al pueblo. Los largos días entre semana atizan la mansedumbre. La economía en el lenguaje es pavorosa, viven en un mundo en el que todo se sobreentiende. Ahora una cosa les atormenta. Se trata de un “tiempo” digo, un clima, que está cambiando y trasgrediendo todas las normas naturales: “No parece enero”.  
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