Los encinacorberos abandonan el templo, seguros de haber disfrutado de un "espectáculo" único en toda la Comarca del Campo de Cariñena. Aplauden entusiasmados la actuación del organista y de la Banda de Música de la villa.
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Este músico indica con su pulgar hacia arriba, como lo hicieran los emperadores romanos, que todo ha salido perfecto.
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Enrique queda rezagado y meditabundo, se resiste a abandonar la iglesia pues le queda todo un año por delante de soledad en la villa. Seguro que le gustaría que la misa no hubiera terminado y que todo el pueblo permaneciera unido como hoy.
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