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miércoles, 14 de mayo de 2014

Cuadernos05/2014 LA MEMORÍA HISTÓRICA Y FELIPE GONZÁLEZ

Felipe González apuesta por una coalición de Gobierno entre PP y PSOE "si el país lo necesita".
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Recientemente han tenido lugar en Teruel y en el seno de Campus Universitario (con escaso éxito de público, a Dios gracias) unas jornadas sobre “La Memoria Histórica”. No se trataba de hacer, en tan alta a la vez que desprestigiada institución académica, un análisis desapasionado e independiente de la pasada Guerra Civil (36-39). Todo lo contrario, se trataba de la exaltación de un bando (el perdedor) y de las virtudes que propiciaron tal derrota. Se destacaba en la prensa local la “solidaridad de las Brigadas Internacionales”, esto es, un ejercito formado por fanáticos comunistas (¿voluntarios?) que envió a España a ayudar a implantar el comunismo, el padrecito ESTALIN. A la sazón, nuestro benefactor ruso está considerado, sin dudas ni ambages, el mayor asesino de la historia (mandó asesinar a Trotski). Pudiera existir el error en aquella época sobre la calaña del dictador soviético pues hasta Machado le dedicó un poema que al revisar su obra manuscrita se  han tenido que raspar, por guardar un poco de decoro.  Pudiera ser que las Brigadas Internacionales vinieran a España con algodón y povidona, nosotros no sabríamos acertar la respuesta. Pero lo cierto es que, todavía, hay en España gente que coloca en la mesa de autopsias  el cadáver de Franco para tratar de comerse algún gusano (Garzón pidió el certificado de su defunción). Lo hacen quienes desde la izquierda añoran la última etapa de la Guerra Civil (36-39) de hegemonía comunista. Por ello, cuando agitan en las manifestaciones la bandera republicana, no están proponiendo una república democrática, están señalando la fase en la que la Segunda República Española fue un régimen comunista totalitario.
A día de hoy el PCE y flotilla aneja mantienen vivas (en la teoría y la práctica) el método revolucionario para conseguir el poder. El PCE se infiltra en el PSOE, un partido socialdemócrata, que se formó/reorganizó en la transición con los “famosos maletines” que venían de la socialdemocracia alemana. Esta transfusión permanente de sangre (dirigentes del PCE al PSOE) hace que una parte del PSOE sienta como suyos los planteamientos ideológicos y estratégicos del PCE. Pero la revolución es un lujo que ya no está a nuestro alcance. La división entre PATRONOS y PROLETARIOS ya no está nada clara y los HIJOS DE LA CLASE OBRERA ya tienen, muchos de ellos, cuentas (nada corrientes) en algún paraíso fiscal, el último caso es el de Magdalena Álvarez muñidora de la corrupción andaluza y lo que salga en ADIF.
Por todo ello y más… las palabras de Felipe González son acertadas. Un gobierno, como en Alemania, entre el centro derecha y el centro izquierda visualizaría la solución a dos problemas importantes que tiene España:
Primero, la renuncia tácita y explícita de la izquierda a la revolución. En la práctica se notaría por el cese del acoso al Estado y el ejercicio de una oposición más racional y menos visceral.
Segundo, tan importante como el primero, el coto definitivo al nacionalismo segregacionista periférico y la lealtad de todos al Estado Español.
Con ello se daría paso a una España fuerte en Europa y a una profundización en nuestro régimen democrático. Pero, como las cosas buenas apenas suceden en la casa del pobre, seguro que nos apuntamos otra vez a la inestabilidad política y al paro.
A propósito de las fotografías de este artículo, una cosa debe aprender la izquierda ESPAÑOLA de la derecha ESPAÑOLA, se trata de desprenderse de los fantasmas del pasado:

¡ESPAÑOLES, FRANCO A MUERTO!
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