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miércoles, 11 de julio de 2012

Cuadernos07/2012. Encinacorba y la Fuente de la Corza

FUENTE DE LA CORZA
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Antes de subir al puerto es posible refrescarse y reponer fuerzas en la Fuente de la Corza. Se encuentra nada más pasar Peña la Cueva en dirección a la Atalaya. Hay un cartel junto al camino que lo indica claramente. El manantial se encuentra bajando el terraplén unos 50 metros y, tanto la bajada como la subida, tienen su dificultad. La fuente de momento está cuidada, deja salir un chorro menudo de agua, pero continuo y contundente. Sobre la fuente se han colocado unas chapas para protegerla, el que lo ha hecho ha puesto toda su voluntad, sin embargo, podría mejorarse mucho el lugar. El espacio es muy acogedor y está ubicado en un frondoso pinar. Merece la pena hacer una excursión aunque solo sea para probar sus aguas. Acompañamos el spot con unas fotografías de la villa tomadas desde lo alto del Puerto.
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Cuadernos07/2012. CAMINO DE LA PARDINA (PRÓXIMAMENTE)

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En los próximos spot veremos la Fuente de la Corza, muy cerca de Peña la Cueva, para terminar en La Pardina primero y pasar a continuación a la Hoya Vedada. Espacios que por estar lejos de la villa no son muy conocidos. La Pardina es una extensa dehesa de pastos frescos de verano que terminó roturándose. Estamos en la vertiente del río Grío y muy cerca de su nacimiento. Desde La Pardina se ven los campos de cultivo de Codos y las sierras que encajonan al río. No llegamos esta vez a San Gil, excursión que dejamos para otra ocasión.
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Cuadernos07/2012. HASTA EL PUERTO DE ENCINACORBA

DE LA ENCARTA AL PUERTO DE ENCINACORBA
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El campo olía a trigo duro, seco, y en el aire había un rumor de máquinas cosechadoras cortando la mies. Lejos duermen las corbellas, las zoquetas, los vencejos, el acarreo, la trilla y el ato de la merienda con su ensalada de sardinas en escabeche. Escuchamos el canto del gallo proveniente del peirón de San Roque, al llegar a La Encarta,  junto al sifón de La Fuente de la villa. El sifón, ahora mocho, tuvo en tiempos un remate en forma de cono hasta que una máquina lo destrozó y se recompuso de la manera tan burda como se ve en la actualidad. Unos doscientos metros cauce arriba tenemos el viejo manantial, obra original y representativa de la preocupación de los habitantes del lugar por el aprovisionamiento seguro de agua. El manantial, por su estructura arquitectónica parece obra coetánea a la fuente, consta de una galería en forma de pequeño túnel y de una arqueta de piedra picada que hace la función de recoger y regular el agua. En La Encarta nacen tres caminos, el de la derecha te lleva a las Seis  Arcadas y al Santo de Aguarón, el del centro (Carracodos) a Codos y el de la izquierda (Carradaroca) a Torralvilla, Langa del Castillo, Retascón y Daroca. Iniciamos, pues, el segundo tramo significativo de nuestro recorrido (entre La Encarta y la línea férrea por Carracodos), caracterizado por el  cultivo mayoritario de vides. Las viñas dibujan aquí las ondulaciones que se producen entre los barrancos y las pequeñas lomas. En este segundo tramo la naturaleza se muestra amable y las tierras bien cultivadas son muestras del buen quehacer de las gentes de esta villa. Llegamos sin vacilación al puente del ferrocarril, aquí hacemos una parada, pues es necesario dibujar con la vista el paisaje en su totalidad. De izquierda a derecha se divisa primero la ermita de la Virgen del Águila, en Paniza, sobre el parador de Encinacorba. Seguimos la línea del horizonte por el monte de la Prisca, el Puerto del Alto de San Martín (antigua entrada a la villa desde el sur peninsular), la Hoya Nevera (porque conserva un viejo nevero), el collado de la Hoya Vedada, el Pico del Muro, el Puerto de Encinacorba, la Peña de la Herrería y acabando en Aguarón, Valdemadera. En el interior de este circo tenemos como hitos más significativos el cerro de Santa Cruz y la Peña la Cueva. Hasta la línea de ferrocarril llegan las tierras cultivadas. Desde aquí vemos el viaducto de las Seis Arcadas (dinamitado en la Guerra Civil 36-39) y los túneles de Carralamata donde se instaló una herrería en la época de construcción del ferrocarril Caminreal-Zaragoza (ahora escombrera). Sobre la línea del ferrocarril comenzamos el tercer tramo. Éste se caracteriza, por tener los bancales en ladera ya que en un tiempo se cultivaron debido a la presión humana y tras la emigración (años 60 y 70) se dejaron en el olvido y el abandono. En este tramo encontramos tres parideras y un moderno depósito (cilíndrico) de aguas contra incendios construido por la DGA. Superado el tercer tramo iniciamos el cuarto y último tramo hasta el Puerto de Encinacorba. Es el de mayor dureza por lo empinado de la pendiente. Nada más empezar nos adelantó un coche tipo turismo con tres jóvenes que volvían (al parecer) de fiesta. Llevaban la ruta Cariñena-Encinacorba-Codos. Por estos caminos y a través del puerto, evitan los controles de tráfico. Penetras en el pinar y notas el frescor de la mañana en la piel y el aroma de las frondosas vaguadas que bajan cubiertas de vegetación desde el alto el puerto. Vas bordeando la Peña la Cueva y dejas el camino que te lleva a la Atalaya y a la Virgen del Águila para coger el de la derecha. Sin dejarlo, alcanzas la cima, donde desparece el pinar y nace un espacio singular. Coronando el Puerto de Encinacorba las aguas ya vierten al río Grío. Este recóndito valle esconde maravillas ocultas a la mayoría de los mortales, tal es, no exageramos, la iglesia mudéjar de Tobed.
Sin embargo, en la subida, hemos dejado atrás la Fuente de la Corza, sobre la que volveremos en el siguiente capítulo.
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lunes, 9 de julio de 2012

Cuadernos07/2012. Gloria al sol en las alturas.

GLORIA AL SOL EN LAS ALTURAS
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Eran las seis, oratas, de una mañana de julio junto a la Fuente. El perro de la Teresa bebía agua, mientras, de reojo, vigilaba al dueño de la tienda que estaba cargando agua con la furgoneta. Los dos faroles del arco trataban de quitarle protagonismo a los primeros resplandores del alba.  Y ésta, llegaba, como el sonido hueco de una caracola. Sí, nos referimos a ese espacio incierto e inseguro que se mueve entre la noche y la salida del sol. Llenamos agua en una botella antigua de gaseosa “La Casera” y metimos, también, en la mochila un trozo de “regañao”. Nada más, bueno sí, la maquina de hacer fotos. Al viajero no le gusta llevar ninguna distracción, ni bastón, ni móvil, ni botiquín… Sólo la soledad es la verdadera compañera del camino. Por el peirón de San Roque, el aire fresco de julio, nos hizo despertar definitivamente. Ya estábamos en camino y era preciso prestar atención a nuestro entorno. Al mismo tiempo, la máquina de fotografiar no paraba de recoger instantáneas de estos momentos tan singulares. El sol estaba a punto de despuntar y queríamos ver su nacimiento desde La Encarta. De camino, nuestras manos acariciaron sosegadas las espigas de trigo “duro” a punto de ser cosechado. Unos granos diminutos se deshicieron en nuestras manos y luego, en la boca, fue difícil masticarlos para sacarles la harina. Los hermosos campos de cereal, en julio, componen un dibujo geométrico inexplicable y útil. Pero el campo no sólo es cereal, es también pipirigallo, un pipirigallo sin segar que va perdiendo el colorido de su hermosa flor y el verdor pálido de sus hojas. Mientras, seguíamos paralelos al cauce del río Frasno, cauce que lo dibujan los abundosos y feraces fresnos que aquí se crían. No pasaron desapercibidos al viajero las viñas, cada ver más abundantes y mejor cultivadas. Las ringleras, emparradas, rozan la perfección geométrica. Quedan algunas viñas en vaso y plantadas al tresbolillo, recuerdo de otras formas de entender la viticultura. Mientras, las gabarderas salpican los costados del camino y allí, donde el ribazo se ensancha, las zarzas forman una intrincada maraña capaz de atrapar y salvar al pajarillo del acoso del águila.
El cielo, poco a poco, se fue haciendo más diáfano. Detrás de la villa y en dirección a Cariñena, como una moneda incandescentemente roja, el sol iba matando el alba y su inmaculada pureza. El sol, ese díos todopoderoso, fuente de todo poder y vida, emergía imparable e impresionante sobre la línea de un horizonte limpio. Unas tenues y tímidas nubes le acompañaron en su elevación, pero, pronto fue todo día y todo luz. El astro rey lo iluminó todo y su potente fuerza mató todos  los matices del alba. Todo acabó siendo sol o sombra. No hubo ambages ni lugar para la disputa, su energía es impresionante y hará, finalmente, doblegar al viajero en su marcha.
Ya estamos en la Encarta y pronto empezaran las primeras rampas del camino. El dios, Helios, todavía no ha enviado toda su potencia y la mañana es de viento suave y fresco. El camino se hace agradable y evocador al legar a la altura de las Seis Arcada.
  
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Cuadernos07/2012. Marchas senderistas en Julio.

El día 8 de julio de 2012, realizamos un marcha senderista que iniciamos en la Fuente (renacentista) de Encinacorba y nos condujo hasta el pago llamado La Pardina. Tras atravesar el puerto de Encinacorba, recorrimos todo el espacio que constituía una dehesa de pastos frescos de verano. Todo ello lo relataremos, con más detenimiento y fotografías, en próximos capítulos. De momento queda esta foto de inició de la marcha, tomada a las 6:00 horas de la mañana. Un contraluz al amanecer en el que se recorta un torreón del castillo, ahora torre campanario de la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Mar, el edificio de las piscinas y, finalmente, en declive, el caserío.
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Para el día 29 de julio de 2012, hay convocada una marcha senderista que tendrá su origen en la puerta del Ayuntamiento de la villa de Encinacorba y que se iniciará a las 8:00 horas de la mañana.
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miércoles, 27 de junio de 2012

Cuadernos06/2012. 173 CABO D´AÑO DE LAGASCA

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RELATO DE LA MUERTE DE MARIANO LAGASCA
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"37.- Por fin, fortalecido con el testimonio de una conciencia pura, vio con calma acercarse aquel instante tan terrible para los malvados, y después de haber recibido todos los auxilios religiosos, murió de una angina de pecho el día 26 de junio de 1839, a las siete y media dela tarde, a los 62 años, 8 meses y 21 días de edad."
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lunes, 25 de junio de 2012

Cuadernos06/2012. Varios.

Á TENTÓN TE BUSCO
perque no son güellos os míos güellos
que son piedras.
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No los me ubras
ampra-me os tuyos
que només quiero biyer o que tu beigas.
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No son güellos os míos güellos
- e cómo pesan-
ista nuei que talmén tienga estrelas.
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Ánchel Conte: E zaga o mar o desierto.
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