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lunes, 9 de julio de 2012

Cuadernos07/2012. Gloria al sol en las alturas.

GLORIA AL SOL EN LAS ALTURAS
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Eran las seis, oratas, de una mañana de julio junto a la Fuente. El perro de la Teresa bebía agua, mientras, de reojo, vigilaba al dueño de la tienda que estaba cargando agua con la furgoneta. Los dos faroles del arco trataban de quitarle protagonismo a los primeros resplandores del alba.  Y ésta, llegaba, como el sonido hueco de una caracola. Sí, nos referimos a ese espacio incierto e inseguro que se mueve entre la noche y la salida del sol. Llenamos agua en una botella antigua de gaseosa “La Casera” y metimos, también, en la mochila un trozo de “regañao”. Nada más, bueno sí, la maquina de hacer fotos. Al viajero no le gusta llevar ninguna distracción, ni bastón, ni móvil, ni botiquín… Sólo la soledad es la verdadera compañera del camino. Por el peirón de San Roque, el aire fresco de julio, nos hizo despertar definitivamente. Ya estábamos en camino y era preciso prestar atención a nuestro entorno. Al mismo tiempo, la máquina de fotografiar no paraba de recoger instantáneas de estos momentos tan singulares. El sol estaba a punto de despuntar y queríamos ver su nacimiento desde La Encarta. De camino, nuestras manos acariciaron sosegadas las espigas de trigo “duro” a punto de ser cosechado. Unos granos diminutos se deshicieron en nuestras manos y luego, en la boca, fue difícil masticarlos para sacarles la harina. Los hermosos campos de cereal, en julio, componen un dibujo geométrico inexplicable y útil. Pero el campo no sólo es cereal, es también pipirigallo, un pipirigallo sin segar que va perdiendo el colorido de su hermosa flor y el verdor pálido de sus hojas. Mientras, seguíamos paralelos al cauce del río Frasno, cauce que lo dibujan los abundosos y feraces fresnos que aquí se crían. No pasaron desapercibidos al viajero las viñas, cada ver más abundantes y mejor cultivadas. Las ringleras, emparradas, rozan la perfección geométrica. Quedan algunas viñas en vaso y plantadas al tresbolillo, recuerdo de otras formas de entender la viticultura. Mientras, las gabarderas salpican los costados del camino y allí, donde el ribazo se ensancha, las zarzas forman una intrincada maraña capaz de atrapar y salvar al pajarillo del acoso del águila.
El cielo, poco a poco, se fue haciendo más diáfano. Detrás de la villa y en dirección a Cariñena, como una moneda incandescentemente roja, el sol iba matando el alba y su inmaculada pureza. El sol, ese díos todopoderoso, fuente de todo poder y vida, emergía imparable e impresionante sobre la línea de un horizonte limpio. Unas tenues y tímidas nubes le acompañaron en su elevación, pero, pronto fue todo día y todo luz. El astro rey lo iluminó todo y su potente fuerza mató todos  los matices del alba. Todo acabó siendo sol o sombra. No hubo ambages ni lugar para la disputa, su energía es impresionante y hará, finalmente, doblegar al viajero en su marcha.
Ya estamos en la Encarta y pronto empezaran las primeras rampas del camino. El dios, Helios, todavía no ha enviado toda su potencia y la mañana es de viento suave y fresco. El camino se hace agradable y evocador al legar a la altura de las Seis Arcada.
  
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