LA YIHAD
Los Estados teocráticos de corte islamista ocasionan, con
sus atentados terroristas, un grave impacto en la sociedad occidental, un
retroceso en el avance de la civilización humana y un riesgo inmediato de
pérdida de las cotas alcanzadas para el logro de una sociedad más libre y
democrática.
*
Nos
produce una gran depresión oír esta palabra. A la vez nos causa un gran temor.
Nos retrotrae a los periodos más oscuros de nuestra historia medieval. Parece,
porque lo sentimos, que la lucha por las libertades de pensamiento y de
expresión están de nuevo amenazadas: una amenaza, ahora, a punta de pistola, a
ráfaga de fusil… a golpe de terror. Si una religión asume que el “infiel” debe
ser destruido. Si una religión asume la “Guerra Santa”, esa religión y esos “¿sacerdotes?” que tal
predican deben ser parados y delimitados.
No es aceptable, en una sociedad moderna, el sometimiento del individuo
a una religión, ni establecer límites en
su expresión (sólo una ley civil debe limitar).
Traemos
aquí de nuevo a colación a Miguel Servet, que luchó por la libertad de
pensamiento y expresión dentro de la religión Católica, dando ejemplo de
templanza y valentía. Sin embargo y, muchos siglos más tarde, no vemos lo mismo
en el Islam. No conocemos ni se muestran ejemplos de “librepensadores” dentro
de la religión musulmana. No encontramos minorías que se revelen contra ese
orden cerrado y monolítico. No hay luz, no hay singularidades, siquiera, que se
atrevan a levantar la voz. Todo ello nos causa gran pena y unas predicciones de
futuro altamente preocupantes.
¿Cómo
nos gustaría que fueran las cosas? Evidentemente de otra forma. Nos gustaría
que los musulmanes que viven en Europa y
disfrutan de nuestro régimen de libertades dieran la batalla y levantaran la
voz contra la opresión de una religión que anula la libertad de muchos
individuos, que sojuzga a las mujeres, y que les anula su personalidad con el
ignominioso burca. Que las minorías intelectuales musulmanas (si es que las
hay) se manifestaran en Europa en defensa de la libertad de pensamiento y de
expresión y que hicieran frente, unidos a los demás europeos, a esta suerte de
atavismo que es la Yihad.
Mientras
estas minorías, punta de lanza de un nuevo orden, no levanten la voz, no habrá
luz al final del camino. Recuerdo el franquismo y el papel tan importante de
las minorías intelectuales. Intelectuales reunidos en París, edición de libros,
la colección “Ruedo Ibérico”, etc., etc. La propaganda y toma de conciencia
sobre un DERECHO básico para el hombre: LA LIBERTAD DE PENSAMIENTO Y DE
EXPRESIÓN.
Salman
Rushdie es sólo un ejemplo y no muy acertado, de lo que debería ser un
análisis, racional y crítico de la religión islámica. Este escritor tomó fama,
no por la profundidad de su crítica sino porque, el 14 de febrero de 1989, el
ayatolá Jomeini proclama una fatwa, instando a la población musulmana a
ejecutar a cualquier persona relacionada con la publicación del libro.
Si
a principios del siglo XXI admitimos, consentimos o excusamos que en cualquier
parte del mundo, alguien pueda ser EJECUTADO por su forma de pensar, nuestra
civilización está perdida.
*
